Domingo, 11 diciembre, 2016

¡Ánimo, merengones!
¡Ánimo, merengones!

¡Ánimo, merengones!

Los adultos sabemos que la leyenda es cierta, que érase una vez que el Madrid ganaba, pero ¿cómo les hacemos creer a nuestros hijos, chavales de ocho, diez o doce años que no se trata de una leyenda urbana, que no siempre ha sido así, que antes el Barça no siempre ganaba? “Niño, que el 0-3 en el Bernabéu es un hecho poco común”. Y ¡zas!, poco después les clavamos un 2 a 6. “Niño, que el Madrid viene muy fuerte y en el Camp Nou siempre es peligroso”. Y, ¡pum! les endosamos un 5 a 0. “Niño, que ganar un títulos es una cosa muy difícil”. Y ¡patapum!, ganamos seis en un solo año. A fe que lo intentamos, los culés, eso de intentar convencer a los críos que en tiempos la cosa era al revés. Porque a pesar de los éxitos, seguimos siendo sufridores por naturaleza. Más aún siendo conscientes, como somos, de que la brutal apisonadora de la caverna mediática no cejará en su esfuerzo por conseguir que, más pronto que tarde, la tortilla se dé vuelta. De momento, el Villarato fantasmagórico, el Florentino galáctico, el Mourinho supercalifrástico y otros métodos, el invento sigue sin funcionarles. El de ‘La cofradía del clavo ardiendo’ sí lo hizo… pero la flauta suena una vez, amigos.

Debe ser duro ser del Madrid en estos momentos. Me pongo en su piel. No olvidemos que esto es fútbol y que un titulito a todos nos alegra un pelín. Especialmente en estos tiempos de crisis. Lo siento, pues, por los seguidores blancos. Pero no por todos. Lo siento por aquellos que reconocen que en su club las cosas se están haciendo muy mal y en el del eterno rival, muy bien. De hecho, son ellos los que tienen la solución en sus manos, porque para poner remedio a un problema, lo primero que hay que hacer es reconocer que se tiene. Y no lo siento –y ojalá la cosa no cambie- por aquellos que ningunean el juego del Barça, por aquellos que siguen creyendo que el Madrid juega mejor porque su fútbol es más directo, por aquellos que defienden al Mourinho maleducado, por aquellos que miran hacia atrás (9 Copas de Europa contra 3) para curar sus heridas del presente, por aquellos que creen que los árbitros son el forjado de los éxitos culés… Por los del ‘fin de ciclo’, ya ni te cuento.

Y debo reconocer que yo también, a veces, me aburro. No de ganar, porque de eso uno nunca nadie se cansa, sino de la ausencia de ese punto de intriga del marcador que ha hecho del fútbol el deporte más maravilloso del mundo. Con el Barça no hay intriga. Gana, y gana, y gana, y gana… Es un Barça que cuida incluso de nuestro descanso: si juega tarde (como suele suceder) y te vence el sueño, puedes irte a dormir con 3 a 0 y al día siguiente enterarte por el diario quién marcó los otros dos. Si el rival sale a defender se lleva cinco, y si sale a atacar, cinco también. O tres o cuatro o seis u ocho, pero siempre un carro. Y ahí está el Madrid de un Florentino que anda oculto tras los visillos, de un Valdano que sigue sin dar una a derechas, de un Mourinho que sigue coleccionando amigos, de un Cristiano que ya empieza a preguntarse dónde se ha metido, de una cantera que pinta menos que un plastidecor mojado…

Finalizada la temporada 09-10, Pedro Riaño me preguntó en una tertulia Barça-Madrid cómo veía la temporada siguiente: “sin novedad en el frente”, dije ‘grosso modo’, es decir, con la misma inercia: un Barça hacia arriba y un Madrid hacia abajo. Y los madridistas allí presentes (Villarroya, Guasch y otras especies), me preguntaron dónde tenía guardada la bola de cristal. Ahora les respondo: en la misma vitrina donde vosotros tenéis las copas que vais a ganar este año. ¡Ánimo, merengones, que la leyenda urbana es sólo eso, una leyenda! Pero ojo, que la del Alcoyano empezó en el 48 y, 60 años después, todavía dura…

Responde: Manel Lorente

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