Martes, 6 diciembre, 2016

El Madrid se entierra solo
El Madrid se entierra solo

El Madrid se entierra solo

Si algo caracteriza al Barça actual es el respeto al rival. En la cultura del esfuerzo y del trabajo de Guardiola no hay espacio para la prepotencia, la mala educación y el pavoneo. Eso es cosa de otros, que hasta presumen incluso perdiendo. Otra cosa es lo que vendan los medios. En todo caso, de una cosa sí estoy segura: en Barcelona no son más exagerados que en Madrid.

Sin embargo, es normal que se haya generado un estado de confianza absoluta en el entorno barcelonista. De hecho, en esta liga a la escocesa, el único rival que podía hacerle sombra se fue del Camp Nou con el rabo entre las piernas y una manita histórica. Y es que este Barça es tan bueno que es capaz de mantener a raya y dominado al mejor Madrid de la historia, al presupuesto más grande del mundo y al club que más derrocha para ganar.

Y si la confianza se ha instalado en el Camp Nou es porque las dos últimas veces que el Barça ha ido al Bernabéu a jugarse la Liga –qué casualidad, siempre hay que jugársela allí, ¿será por el villarato?- la ha ganado sin despeinarse. La diferencia es que, tal y como marcha la competición, todo hace indicar que este año el partido del Bernabéu no será decisivo. Pero si hubiera que jugárselo todo allí, este Barça está más que capacitado para darle un nuevo revolcón a domicilio a este Madrid que lo fía todo a ese chico que se arruga cuando tiene el Barça delante.

Además, ya no está Pellegrini o Juande Ramos para ponerle al Barça las cosas difíciles con impresionantes rachas victoriosas. Ahora está Mourinho, el que encabrita a aficiones, entrenadores y jugadores contrarios, el que se echa encima a los árbitros, el que altera la convivencia en su propio vestuario, el que se pelea con su propia gente, el que amenaza con irse. Todo eso resta más que suma, por eso no creo que este Madrid sea más fuerte que el de Pellegrini que, como bien dices, Castellanos, protagonizó una segunda vuelta excepcional hasta que el Barça se cruzó en su camino, le paró los pies en el Bernabéu y puso las cosas en su sitio para los que aún dudaban, que en Madrid eran muchos.

Te recuerdo que es el Madrid el que va a remolque, el que tiene que remontar cuatro puntos, el que vive con la angustia de que no puede pinchar. El Barça puede tener un accidente, perder un partido y seguir líder. Un accidente del Madrid le puede situar a siete puntos. Y siete puntos son demasiados puntos para restárselos a este Barça.

Al Madrid no lo entierra nadie. Aquí no enterramos ni al Betis. Lo que pasa es que ya no sirve remontarse a la épica de la historia. Porque la historia es historia y no creo que salten al césped Di Stéfano, Puskas y Juanito. La historia está en los libros y con los recuerdos no se ganan partidos. Ahora están otros, más guapos, más millonarios, más mimados, que nada tienen que ver con los míticos de antes. Por eso, el Madrid se entierra sólo. No necesita que le entierre nadie.

El orgullo y la casta han cambiado de barriada y ahora visten de blaugrana. Por eso el barcelonismo afronta la segunda vuelta con tranquilidad, con la confianza que da saber que el Real Madrid seguirá siendo un excelente subcampeón. El Madrid tiene un presidente al que llaman “ser superior” y un entrenador que gusta ser conocido como “special one”. El Barça simplemente tiene un equipo mejor. No hay más. Y eso es lo que cuenta.

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