Sábado, 3 diciembre, 2016

¿A quién quieres engañar?
¿A quién quieres engañar?

¿A quién quieres engañar?

Lo hecho, hecho está y deberá responder por ello, porque Rosell no se aviene a los pactos que se vivieron en 2003 entre el presidente saliente y el entrante. La suerte está echada y Laporta pasará a la historia como el presidente que más títulos logró, pero también por el que más y mejor se aprovechó y disfrutó del cargo.

 No es de recibo –y nunca mejor dicho- que  a estas alturas de la película  escurra el bulto de sus excesos económicos a cuenta del bolsillo del socio tratando de embaucar a la audiencia con eso de que los gastos en aviones y joyas tenían a los jugadores como destinatarios. Eso colaría si él siguiera mandando, pero ya no está, su palabra ya no es la ley y los nuevos gestores disponen de las facturas que prueban que, una vez más, está faltando a la verdad. Utilizar el argumento de los mimos a los futbolistas para esconder sus propias irregularidades le dejan en muy mal lugar ante los electores que deben escoger ahora a los políticos del futuro.

 No se trata de tu palabra contra la mía, sino de facturas que hablan por sí solas. Rosell está dispuesto a ejercer la transparencia que Laporta sólo empleó de boquilla. Habría estado bien que durante su mandato hubiera explicado cuándo y por qué fletaba vuelos privados para su uso y disfrute, que hubiera especificado todos y cada uno de los regalos que hizo con el dinero de los socios y que hubiera justificado esas grandes comilonas que le pusieron como un “bacó”. Habría estado bien, pero no lo hizo. Y como entonces se hizo el sueco, alguien tendrá que explicarlo ahora por él. Porque alguien que aspira a ser el presidente de todos los catalanes no puede presentarse ante los electores con una lista de fechorías tan extensa.

 Ahora resultará que cuando iba al Drolma a ponerse ciego, comía por toda la plantilla. Es posible. ¡Eso es generosidad!

COMENTA CON FACEBOOK



Related posts