Sábado, 10 diciembre, 2016

El prestigio es caro, no se debe regalar
El prestigio es caro, no se debe regalar

El prestigio es caro, no se debe regalar

España moviendo el balón con calma, dejando que pasara el tiempo, con la remota ilusión de cazar alguna jugada de peligro. Imposible. México esperando en su campo, con un ideal: robar en el círculo central y soltarnos un ataque de cobra, con un balón largo a Vela o a Chicharito, para que con su velocidad se plantaran ante Casillas. Les salió cuatro o cinco veces en la primera parte, y gracias que sólo uno acabó en gol. Dos veces Marchena, otra una falta ‘in extremis’ de Puyol, un balón que Vela echó fuera con ventaja, un paradón de Casillas. El caso es que llegamos a la orilla con un solo gol en contra. Bastante mejor de lo que yo había temido.

En ese primer tiempo tan sufrido se cimentó el empate final, que me supo a gloria. Del Bosque había puesto de salida a los que venían con alguna preparación, para aguantar el tipo en la fase más seria del partido. Luego, cuando el carrusel de cambios hizo que el partido se alterara y entrara en ese territorio indefinido que suele ser costumbre en estos casos, sacó, sobre todo al final, a los más vivos, los más hábiles, los del tiqui-taca. Algo a veinte minutos del final me hizo pensar que podíamos empatar. Y así fue. Y hasta pudimos ganar. Y ese empate me parece un mérito enorme, dadas las condiciones del partido.

Porque este partido era un sindiós, pero sirvió para confirmarnos que este equipo tiene ángel, tiene seguridad, tiene espíritu, sabe flotar en cualquier circunstancia. Y sabe también que el prestigio es caro, que no se puede regalar. Hubiera sido muy lamentable estrenar el título del mundo con una derrota y las circunstancias descabelladas en que se disputó el partido eran las ideales para perder. En realidad lo que se nos ofrecía era una falsificación, un subproducto del fútbol, una golfada recaudatoria. La fe de todos y un pase de Xavi a Silva resolvieron eso. Estos campeones son invencibles. Con ellos no puede ni el villarato.

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