Sábado, 10 diciembre, 2016

¿No se iban a dejar la piel?
¿No se iban a dejar la piel?

¿No se iban a dejar la piel?

Jugaron contra diez, pero jugaron andando. Así no se gana ni al Inter ni a nadie. Por eso los jugadores del Barça no recibieron el premio de la final. Sudaron más, mucho más, el año pasado en Stamford Bridge. Sudaron más y también jugaron con Iniesta. Por eso les cayó la recompensa. Ante el Inter ni se dejaron la piel, como habían prometido, ni se les apareció la virgen de Fuentealvilla. Y eso que Motta lo puso fácil ya que, olvidando que iba con el Inter, decidió defender los colores del Barça.

Si se dejaron la piel, se la dejaron como un equipo pequeño. Seguro que pusieron empeño, pero jugaron andando la mayor parte del partido. Es cierto que estos jugadores se han ganado a pulso mucho crédito. Pero las cosas son como son: ante el Inter el Barça fue un equipo pequeño. Por deméritos propios o por méritos de un Mourinho inmenso, que supo tenderle una trampa al equipo que él considera como “el mejor del mundo”. Es un tipo que da rabia, sí. Pero es un entrenador como la copa de un pino. En el Oporto, en el Chelsea, en el Inter y en el…¡Barça!

El Barcelona disfrutó de un 78% de posesión de balón. Y el partido transcurrió en un 73% del tiempo en campo del Inter. Sí, ¿y qué? Tocar y tocar, ¿para qué?. Mourinho desactivó a Xavi y automaticamente el Barça perdió a Messi, desconocido ante la defensa infranqueable que se encontró delante. Messi no estuvo mal frente al Inter. Simplemente no estuvo. Como Cristiano Ronaldo en los grandes acontecimientos. Es lo peor que se le puede decir, porque Messi es otra cosa.

Capítulo aparte merece Ibrahimovic. El Barça se gasta 70 millones en un 9 fortachón y cuando llega el partido más importante del año el técnico decide que para alcanzar la victoria debe sacarle del campo. También Guardiola tiene mucho crédito, pero se ha ganado un tirón de orejas por dar el OK al fichaje más caro de la historia del club para luego prescindir de él y dedicarse a hacer experimentos con Piqué en el momento cumbre de la temporada. Una historia que no es nueva. Ya a El Maestro de maestros le dio por convertir a Alexanko en delantero centro cuando no encontraba soluciones tácticas con sentido común. A Ibrahimovic se le suma Chygrynskyi, un megafichaje de 25 millones que no podía jugar la Champions. Crédito, todo, pero las cosas son como son. Y las que son feas no son bonitas, aunque vistamos a la mona de seda. Ayer me dio la sensación de que este Barça está muy corto de plantilla y ha vivido peligrosamente colgado de Messi. Si Messi está bien, se tapa cualquier carencia. Si Messi está mal o no está, el Barça se convierte en un equipo vulgar.

Y lo que hay ahora es que Louis Van Gaal y Jose Mourinho se van a disputar la final de la Champions. Ambos, de la escuela Barça, han demostrado que hay vida más allá de Guardiola. Que existen otros caminos para llegar a la victoria y otros modelos que no precisan del tocar y tocar inútilmente en el centro del campo para apenas llegar a la portería contraria. Mourinho es tan grande que ha conseguido poner de acuerdo al barcelonismo, que quiere ver a Van Gaal campeón de Europa. ¿Quién se lo iba a decir al bueno de Louis, ninguneado y despreciado en el Camp Nou? Casi tan ninguneado y despreciado como Mourinho. Ahora resulta que no eran tan malos. Ambos han vivido la historia del “patito feo” en su época blaugrana y ahora van por la vida de cisnes. Se lo han ganado.

Enhorabuena a los dos. Las derrotas más dolorosas son las que miden la grandeza de los clubs. Y el Barça es grande. Habrá más oportunidades.

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