Viernes, 9 diciembre, 2016

A Cruyff ya no se le puede tomar en serio
A Cruyff ya no se le puede tomar en serio

A Cruyff ya no se le puede tomar en serio

Le nombraron seleccionador catalán para situar a la selección catalana de fútbol en el mapa del mundo. Ayer, en la presentación del Catalunya-Honduras del próximo 28 de diciembre, se habló de todo menos de la selección catalana.

Johan Cruyff, “catalán” universal que en casi 40 años no ha hecho el más mínimo esfuerzo por expresarse en catalán y en su condición de seleccionador catalán, invitaba a Messi a aprender el inglés porque “no se entiende con medio mundo”. Para eso sirvió el acto organizado por la Federación Catalana, para que El Maestro vuelva a insistir en lo importante que resulta dominar la lengua de Sheakespeare. No es la primera vez que incide en el tema -en esto no ha cambiado de opinión-. Hace unos años invitó a la audiencia de Catalunya Ràdio a dejarse de catalanadas y a aprender el inglés y el alemán, idiomas mucho más prácticos para desenvolverse en el mundo. Eso lo dice el seleccionador catalán, el mismo al que le otorgaron la Creu de Sant Jordi y no acudió a recogerla porque tenía cosas más importantes que hacer.

Mientras Messi hable en el campo como lo está haciendo en los últimos años, no necesitará de ningún “negro” que le traduzca. Le entiende todo el mundo. Hasta los que hablan inglés. Como le entendieron a él los catalanes cuando llegó al Barça sin hablar ni una palabra de castellano. Ya no digo de catalán, porque 37 años después estamos en las mismas.

A Cruyff le preocupa que Messi no hable inglés. A lo mejor lo que pretende es que se matricule en su Universidad subvencionada por el Barça y la Federación Catalana para ampliar sus conocimientos. La cuestión es que, dominando o no el inglés, Messi ha llevado al Barça a ser la admiración del mundo EN ESTE MOMENTO. Y recalco lo de “este momento” porque el Gran Manitú aseguró hace unos meses que el Barça era el hamerreir del mundo simplemente porque él decidió devolver un pin al club. Ahora también deberá rectificar, porque al mundo le importa un pimiento lo que haga Cruyff con sus pins. Lo que el mundo valora es el juego extraordinario del Barça. Nadie pierde el tiempo ya con alguien que se arroga el derecho a decidir lo que el planeta da por bueno y por malo en base a su inspiración divina. La sociedad ha evolucionado y ya no necesita de telepredicadores, como cuando él llegó a España en 1973.

Ahora toca decir que “El Barça ha dejado de ser más que un club para convertirse en un club más“. ¿Y quién se habrá creído este hombre que es para decidir lo que es el Barça, como si el club fuera un invento suyo? Cruyff ha vuelto a las trincheras de la oposición, como ya hiciera en la época de Núñez, y ahora anda organizando una campaña de acoso y derribo contra el presidente más votado de la historia porque quien la debería liderar está ocupado con otros asuntos más provechosos. Negociando coche oficial y chófer, por ejemplo. Pero El Maestro no está solo. Cuenta con el apoyo de su claca mediática, la misma que acusa a Rosell de dividir al Barça, la misma que hace cinco años se dejaba de romanticismos y jaleaba por igual a los chinos que a Betandwin que a Uzbekistán, la misma que aseguraba que el Barça no podía competir en Europa si no manchaba su camiseta. Estos son los que ahora le exigen a Rosell que cumpla su promesa y sea el presidente de todos, los que echan en cara al presidente que responda a Cuyff diciendo: “Cruyff es un mito y los mitos siempre tienen razón“. ¿Es eso dividir al barcelonismo? ¿Quién divide aquí?

Sandro Rosell quiere ser el presidente de todos. El problema es que no todos quieren que Rosell sea el presidente. Volvemos a las andadas, las minorías quieren mandar en el club y no se resignan a perder sus viejos privilegios.

                                                                                      

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