Viernes, 9 diciembre, 2016

¡Laporta, dimisión!
¡Laporta, dimisión!

¡Laporta, dimisión!

No es extraño que el Palau no le quiera. Seguramente es porque él nunca ha tenido en buena estima al Palau y lo que allí se cuece. Por eso nunca se ha sentido ahí como en su casa, aunque lo sea. El público del Palau es muy exigente y le han acostumbrado muy bien a lo largo de la historia. Por eso rechaza el modelo de Laporta y los amigos que tiene colocados en las secciones.

Ayer perdió el equipo de balonmano en su presencia. Puede parecer que no es grave: campeón de copa, subcampeón de liga y subcampeón de Europa. Pues sí. Es grave. Cuando después de siete años se tira alegremente de talonario para arrasar, lo menos que se puede exigir son resultados. Y el balonmano no los ha dado. Recuerdo como si fuera ayer a Enric Masip, responsable de la sección, presentando hace un año a Rutenka, “el mejor jugador del mundo”. Decía Masip: “Hemos dado un golpe de efecto”. Vale, ¿y qué? El socio del Barça, que además es el dueño del club, no quiere golpes de efecto. Quiere un modelo con el que identificarse y quiere resultados. Ni una cosa ni otra. El balonmano blaugrana se ha pasado años y años derrochando el dinero a espuertas, renovando la plantilla, abriendo la puerta a suecos, daneses y alemanes que han desfilado por el Palau sin pena ni gloria y sin conseguir que los aficionados llegaran a aprenderse sus nombres.

Rutenka es el traspaso más caro jamás pagado en la historia del balonmano mundial: un millón de euros. Y no vino solo. También llegaron a golpe de talonario Sarmiento, Saric e Igropulo. Decía Masip que con ellos el Barça alcanzaba “un plus que nos pone al nivel del Ciudad Real y el Kiel”. Pues bien, el Ciudad Real ha ganado la liga y el Kiel la Copa de Europa. Y el papel de los fichajes millonarios en la final de hoy ha sido penoso.

Es el fracaso del modelo de la prepotencia y del uso indiscriminado del talonario. Laporta ha querido copiar en las secciones el modelo de Florentino y le ha salido igual de mal que a él. Después de siete años, Laporta sigue sin enterarse de que el socio no quiere eso, el socio quiere que el modelo del club sea el modelo de Guardiola -lo único bueno que deja en herencia- no el suyo.

Y el modelo de Guardiola tampoco es el que hoy ha permitido al hockey blaugrana ganar su decimonovena copa de Europa. No se trata de competir con el rival –en este caso el Vic- quitándole al entrenador y a todo su equipo, como ha ocurrido, y añadirle unos cuantos argentinos para mantener la línea de éxitos que se inició con Montal y se mantuvo con Núñez. También en el hockey se echa de menos a los cracks nacidos en la cantera, los Vilapuig, Centell, Torres, Venteo, etc. Lo que hace en hockey el Barça es como si Florentino decidiera acabar con la hegemonía del Barça fichando a Guardiola, Xavi, Puyol, Iniesta y Messi y comprando el Camp Nou, por si acaso.

Le queda a Laporta, eso sí, el baloncesto. Heredó un equipo campeón de liga, de copa y de Europa, lo destrozó en unos meses y siete años más tarde puede dejarlo como lo encontró después de millones y millones de euros tirados en proyectos absurdos. Pero si el basquet funciona es porque sigue el modelo de Guardiola. Buenos y caros fichajes, sí, pero el nucleo duro del equipo lo forman los de casa.

Barrufet, un producto de la era Núñez, no se merecía un final tan triste. Ni el equipo de hockey que su presidente, el presidente viajero, pasara de ellos olímpicamente y no se dignara ni a enviarles un solo directivo. Su Final Six empezó el viernes en Italia. No le hubiera costado nada a Laporta darse una vuelta por allí para darle ánimos a sus jugadores y luego marchar a Alemania con el balonmano. Pero parece que sí le costó. La final no era en Uzbekistán y él estaba ocupado dando realce a la fundación de Cruyff y tirando mierda a Alexandre Rosell. Primer el Barça. ¿Recuerdan?

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