Sábado, 3 diciembre, 2016

Busquets y Touré, los dos
Busquets y Touré, los dos

Busquets y Touré, los dos

Empeñados en inventar día sí día también una nueva dicotomía por la que pelearse, algunos barcelonistas parecen dispuestos ahora a obligarnos a discutir y por supuesto a elegir entre Sergio Busquets y Yaya Touré, no fuera a ser que la enfermiza tendencia a dividirlo todo en dos (Cruyff o Núñez, Laporta o Rosell, Liga o Champions, Eto’o o Ibrahimovic…) vaya perdiendo tono muscular.

Pues un servidor no está dispuesto a malgastar sus fuerzas en ese gimnasio. Busquets y Touré son muy buenos los dos y, en muchas ocasiones, como ayer quedó demostrado, hasta caben en el mismo equipo, uno haciendo de pivote por delante de la defensa y el otro de interior, da igual el orden de los nombres porque ambos valen sobradamente para los dos puestos.

Sergio Busquets es un centrocampista completísimo. Su primera aparición contra el Racing de Santander la temporada pasada, tildada de prematura y temeraria por algunos descreídos (yo mismo), ha dado paso a la confirmación de un talento que combina técnica con el balón y contundencia sin él, haciendo progresar la figura del ‘cuatro’ clasico hacia un ‘cuatro por cuatro’ mucho más equipado y con más variadas prestaciones. Busquets llegó tarde a la escuela del Barça, pero no lo suficiente como para no aprender rápido los conceptos básicos (hay que saber qué hacer con el balón antes de recibirlo, el esférico tiene que circular a dos toques máximo y la operación debe ejecutarse a la velocidad de la luz si es posible), aunque sí para no ser cuidadoso del todo en las formas. Así que tenemos un jugador pulcro con la pelota, pero agresivo y hasta pendenciero a veces sin él. Suave como una seda en ataque, quinqui a lo Deco, en la contención. Es decir, algo muy cercano a la perfección.

Versatilidad y algo más

Touré es otro tipo de futbolista. Menos ordenado tácticamente pero dotado de un físico, una versatilidad y una voluntad imprescindibles para un equipo como el Barça. Cada verano se le incluye en quinielas como moneda de cambio para realizar fichajes ansiados desde hace tiempo por el club azulgrana, ya sea Cesc, ya sea Ribéry. Sólo de pensarlo ya se le echa de menos. Y si no, basta con repasar, con pasión o sin ella, su contribución a la historia reciente blaugrana: decisivo como goleador en la final de la Copa del Rey (logró el del empate, el que lo cambió todo, en jugada engendrada con el deseo de quien quiere tranformar las cosas arrancando desde el centro del campo) e impecable disfrazado de central en las semifinales y la final de la Champions. El problema de desprenderse de un futbolista así es que enseguida, para cubrir su vacío, habría que encontrar una vesrión parecida en el mercado. Y no la hay. Así pues, resistencia. Ante la pregunta de si Touré o Busquets, los dos

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