"Mientras yo sea presidente de los árbitros, el Barça no ganará La Liga"

"Mientras yo sea presidente de los árbitros, el Barça no ganará La Liga"

2023-04-19 | Pedro Riaño

Solo con echar un vistazo a la historia aparecen las miserias del Real Madrid con los árbitros y la explicación al deseo del Barça de obtener neutralidad de la clase arbitral.

La claca mediática que sostiene al Real Madrid de Florentino Pérez ataca con saña al Barça y su "mancha para toda la vida" por la cuestión arbitral derivada del caso Negreira. De lo que no hablan es de que el Real Madrid se adelantó al Barça en el tiempo utilizando al Comité de Árbitros en beneficio propio. Y no con el número dos. El Real Madrid apostó directamente por el jefe de los colegiados, en aquella época José Plaza Pedraz, que llegó a presumir de que con él en la presidencia de los árbitros el Barça jamás ganaría LaLiga. No se equivocó. Solo un año el Barça fue capaz de vencer a su maldición. La "neutralidad" que pedía el Barça a los árbitros tiene su origen ahí.

Hubo denuncia, pero el caso quedó archivado

El tema fue denunciado en los setenta por el árbitro internacional, casualmente madrileño, Antonio Camacho, el mejor colegiado español del momento. Hubo investigaciones policiales, pero el caso quedó en nada. Como es habitual con todo lo relacionado con el Real Madrid, se tiró tierra encima y aquí no ha pasado nada. Ni juicios ni sanciones.

Pero la "mancha" está ahí. Se inició con el escándalo de Guruceta en el Camp Nou. El polémico José Plaza presidió a los árbitros de 1967 a 1970 y luego Pablo Porta le recuperó en 1975 y mandó en los árbitros hasta 1990, con la particularidad de que él se encargaba personalmente de las designaciones arbitrales. Es decir, se cuidó personalmente de elegir a los árbitros que debían decidir la suerte de la Liga con el Real Madrid y el Barcelona.

El escándalo Guruceta

José Plaza dimitió en 1970 solidarizándose con José Emilio Guruceta, el árbitro que protagonizó uno de los mayores escándalos de la historia del fútbol señalando como penalti una falta de Rifé sobre Vázquez que se produjo metro y medio fuera del área. El terremoto fue mayúsculo, porque apeó al Barça de la Copa para regalársela al Real Madrid. La indignación fue tremenda, porque era evidente que no se trataba de un error humano. El partido tuvo que ser suspendido ante las protestas del público con un masivo lanzamiento de almohadillas que todavía recuerdan los viejos del lugar.

Plaza defendió el error de Guruceta. Favorecía al Real Madrid, naturalmente. Y presentó su dimisión en solidaridad con el árbitro que se atrevió plantarle cara al Barça con sus decisiones equivocadas y que fue castigado por las altas instancias, que no estaban en el ajo, con seis meses de sanción. Con el paso del tiempo, el propio árbitro admitió su flagrante error. Y todo quedó ahí. Porque cuando se trata del Real Madrid, nunca pasa nada. Y si pasa, se le saluda.

 

Plaza limpió el arbitraje de colegiados no madridistas

Pero el asunto con Plaza no se acababa con su dimisión. De nuevo en la presidencia de los árbitros en 1975, se encargó personalmente de las designaciones arbitrales para los partidos, poniendo especial cuidado en los colegiados que debían pitar al Real Madrid y al FC Barcelona. Y ya se encargó él de encontrar árbitros amables para el Real Madrid y hostiles para el Barcelona. Plaza no tuvo más remedio que admitir que una serie de árbitros, entre los mejores, estaban siendo castigados (Camacho, Antonio Rigo, López Samper, Pérez Quintas, Pascual Tejerina...) y no pitaban. Supuestamente porque no hacían su trabajo como a su presidente le hubiera gustado. "Tenemos informes que nos aconsejan obrar en este sentido. Lo que no voy a decir es cómo los hemos conseguido", dijo entonces Plaza.

Lo cierto es que los árbitros cuyas simpatías no iban hacia el Real Madrid y sí hacia el Barcelona fueron invitados a dejar el arbitraje. De eso se encargó José Plaza excluyéndoles de las designaciones.

La denuncia de Antonio Camacho

El presidente Plaza se la tenía jurada al colegiado madrileño Antonio Camacho. En su defensa a Guruceta y su escandaloso penalti, dimitió e intentó arrastrar con él a todos los árbitros con un plante generalizado, para acentuar el escándalo por la "injusticia" que se estaba cometiendo con el árbitro del penalti polémico del Camp Nou, que fue sancionado por su error por las altas instancias del deportes español. Pero Camacho no quiso saber nada de las componendas de Plaza.

Fue en esa época cuando el árbitro madrileño Camacho pronunció la célebre frase: "mientras Plaza sea presidente de los árbitros, el Barça no volverá a ganar LaLiga". Y se basaba en que Plaza lo mangoneaba todo, decidiendo personalmente los árbitros que debían dirigir los partidos.

Y la maldición de Plaza se consumó. De 1975 a 1990 el Barça solo ganó una Liga, en 1985. A los árbitros les fue imposible remediarlo porque la diferencia entre Barça y Real Madrid ese año fue enorme. El equipo blaugrana, dirigido entonces por Terry Venables, se proclamó campeón cinco jornadas antes de finalizar el campeonato. Imposible parar eso. El primero y el último título del Barça con Plaza manipulando en las designaciones a su antojo.

Real Madrid, 9 - FC Barcelona, 0

Mientras Plaza fue el único que designaba a los árbitros (1976-80 y 1985-90), el Barça no ganó una sola Liga y el Real Madrid se llevó 9 disfrutando de su edad de oro en LaLiga acumulando títulos bajo sospecha, uno detrás de otro.

Y en el interregno entre 1980 y 1985, en el que fue un comité arbitral, y no solo Plaza, el encargado de designar a los árbitros, el Real Madrid se quedó en blanco y las Ligas se las repartieron la Real Sociedad (2), el Athletic de Bilbao (2) y el Barça.

La frase que Camacho atribuyó a Plaza resumía el espíritu de venganza contra el Barça que anidaba en él ante la situación que vivió su discípulo aventajado José Emilio Guruceta y le sirvió para ser invitado a abandonar su actividad como árbitro. Pero no pasó nada. Existían testimonios dispuestos a denunciar el comportamiento fraudulento a favor del Real Madrid del presidente de los árbitros. Pero el asunto quedó archivado. No interesó en la capital.

Una mancha en la historia del Real Madrid que no se borra

"Quiero un careo público con Plaza. Todas sus acciones son una venganza personal suya por no haber accedido yo al plante de árbitros que propuso cuando castigaron a Guruceta". Eso dijo Camacho entonces. No le hicieron ni caso, a pesar de las denuncias de José María García en la SER y en Don Balón durante esa época.

La mancha de Plaza sigue ahí para toda la vida en el Real Madrid. Y sus títulos bajo sospecha, también. Pero Florentino Pérez disfruta de la fortuna de disponer de un ejército de fieles servidores mediáticos dispuesto a limpiar la sangre para que parezca que nunca hubo delito.

 




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