El lado oscuro de Laporta. Capítulo 15: Muere Gensana y se va a la fiesta del Estatut

El lado oscuro de Laporta. Capítulo 15: Muere Gensana y se va a la fiesta del Estatut

| 2021-05-30

| Administrador

La venta de Can Rigalt / Los estatutos de Vilaseca / “Me quieren ver metido en problemas” / Presidente de moda / Su orden de prioridades / ¿Presidente infeliz o mártir? / “Se merece disfrutar”  /  Amenazas a ex colaboradores / Laporta, grito subversivo /

Capítulo 15 del libro "El lado Oscuro de Laporta", de Pedro Riaño, en el que repasamos todos los detalles del primer mandato de Joan Laporta como presidente del Barça para entender su comportamiento en la actualidad. 

La venta irregular de Can Rigalt

Joan Poquí, de Mundo Deportivo, revelaba el 28 de agosto de 2005 las dificultades que habían surgido en la búsqueda de un nuevo directivo: “La dimisión de Alejandro Echevarría ha dejado un hueco en la directiva que es urgente rellenar. La directiva barcelonista considera que los estatutos del club no establecen un período para completar ese cupo de catorce y se lo toma con calma”. No sería la primera ni la última vez que la directiva se tomaba con calma el redactado de los estatutos y que los leía según su conveniencia. De hecho, se vendió un tercio del patrimonio de Can Rigalt con una junta de 11 directivos, dos menos de lo que marcan los estatutos. ¿Fue esa una venta ilegal e impugnable? Seguramente, y la prueba es que esa transacción se firmó de nuevo, por segunda vez, cuando el quorum de directivos ya se ajustaba ya a lo exigido por los estatutos. Con Laporta, ya se sabe, los estatutos estaban para cumplirse sólo cuando a él le convenía. 



Presidente de moda

Informaba La Vanguardia el 20 de septiembre de 2005: “El Camp Nou prestó anoche sus mejores galas para acoger el desfile del diseñador Dirk Bikkemberg. Joan Laporta ejerció de anfitrión”. El presidente estaba en todo. O en casi todo, porque algo le impidió ejercer de anfitrión en el partido disputado poco antes por la selección catalana en las instalaciones del club, un acontecimiento que debió considerar menor. Intervinieron en el desfile como modelos un grupo de jóvenes de 17 años del Barça B juvenil. Era una manera de rentabilizar el gasto que generaba el fútbol base.

 




EL Lado oscuro de Laporta


Su orden de prioridades

Sabedor de que en el Palau Blaugrana, su casa, no era bien recibido, Joan Laporta, el presidente del más que un club, optó por no acudir al estreno del equipo de baloncesto en la Euroliga 2005-06. Tampoco asistió al entierro de Enric Gensana, una vieja y recordada gloria blaugrana de los años cincuenta. Ese tipo de obligaciones no debían estar incluidas en lo que él entendía como actos de asistencia obligada. Gensana no jugó en su Barça ni en el Dream Team. No valía la pena, pues, perder el tiempo con él. A esa hora tenía algo más importante que hacer: presenciar desde la tribuna de personalidades el pleno que aprobó l´ Estatut en el Parlament. Esa foto valía más que acompañar a Gensana en su último adiós. Y luego iba diciendo que no hacía política, que lo suyo era hacer país y que “Primer el Barça“. Él y el Barça apoyaron el nuevo Estatut y tomaron partido por una opción política con la que no estaban de acuerdo todos los socios del Barça. ¿Era o no era hacer política? ¿Y los socios del Barça votantes de Esquerrra Republicana y del Partido Popular, formaciones políticas contrarias al redactado del Estatut, cómo se lo debían de tomar? ¿Era éste un Barça de todos o sólo el de los que pensaban como Laporta? ¿Consultó a alguien Laporta la postura que debía adoptar el club, al Consell de Notables o al Senado, por ejemplo? ¿O no hacía falta, porque Laporta ya velaba, cual mesías, por el bien de los barcelonistas y sabía lo que más les convenía? ¿Primer el Barça o primer lo que yo quiera? La presencia del president del Barça era más necesaria acompañando a Gensana en su último adiós que chupando cámara como espectador haciendo bulto en el Parlament. 



¿Presidente infeliz o mártir?

El 14 de septiembre de 2005 Xavi Bosch se preocupaba en Mundo Deportivo por la felicidad del presidente. “La semana pasada Laporta les contó a unos chicos que quieren ser dirigentes deportivos que él “no es presidente del Barça para ser feliz, sino para hacer felices a los socios”. Aplaudo la segunda parte de la afirmación, pero me preocupa la primera. ¿Estamos ante un nuevo presidente mártir? ¿Por qué se sacrifica tanto por nosotros? ¿Le escogimos como presidente y en realidad es nuestro redentor? (…) ¿El presidente no puede ser feliz? ¿Qué se lo impide? ¿No le compensa, al presidente, tanto sacrificio altruista?”.

Cuando saca la tensión en público, en contadísimas ocasiones, sucede lo de los pantalones en el aeropuerto para proclamar, luego, que la reacción con él ha sido desmesurada y encarnizada porque hay gente, y así lo dice, que le tiene ganas. Como las que él le tenía a Núñez o a Gaspart. Queremos tanto al Barça que genera este tipo de pasiones y de manías tan radicales como estúpidas. Que goce Laporta y que no sacrifique, por los socios, los mejores años de su vida. Que disfrute del momento sabiendo que ya le quiere la gran mayoría de culés. Pero pretender gustar a todo el mundo y que te adulen por unanimidad es imposible y, además, genera infelicidad”. Esa obsesiva manía por la unanimidad en torno a su persona y su gestión acabaría perdiéndole.




EL Lado oscuro de Laporta



“Se merece disfrutar”

Casi un año más tarde, el 12 de mayo de 2006, a las puertas de la final de París, Lluís Mascaró respondía al artículo de Xavi Bosch rindiendo su tradicional pleitesía al presidente blaugrana: “Laporta se merece disfrutar” titulaba. Y como, al parecer, el amigo Jan acostumbraba a mantenerse en un segundo plano cuando tocaba gloria, ahí estaba Mascaró para hacerle a sus méritos la justicia que merecían: “El gran artífice de este Barça campeón es Laporta. Así de claro. Los jugadores se llevan el protagonismo y Rijkaard, los elogios. Pero quien ha luchado durante muchos años para recuperar el prestigio deportivo e institucional del club –primero en las trincheras de la oposición, más tarde como candidato y finalmente en la dirección de la entidad– ha sido este presidente que ha conseguido devolver la ilusión a todo el barcelonismo. Durante estos días previos a la gran final de la Champions se escribirán muchas cosas sobre el equipo, los técnicos, la historia y la afición, pero Laporta y su junta directiva quedarán –por voluntad propia– en un discreto segundo plano. Como ya hicieron en las gigantescas celebraciones por los dos títulos de Liga consecutivos. Ellos están aquí para dedicar los mejores años de su vida al Barça, sin esperar nada a cambio. Y tan sólo por eso ya se merecen el respeto y el cariño de los culés”. ¿Nada a cambio? Un fajo de entradillas para las finales París y Roma, barra libre en el Drolma para saborear los mejores y más caros manjares de Barcelona, viajes de placer por medio mundo, contactos y relaciones con gente importante e influyente de cara a negocios presentes y futuros, puertas abiertas en acontecimientos, fiestas y pesebres de diverso pelaje… Pequeños privilegios de nuevo rico como el de darse el gustazo de moverse por Europa en un jet privado o disponer de un lujoso Audi cedido por la marca alemana al presidente del FC Barcelona. Se lo había ganado después de seis años de lucha en las “trincheras de la oposición”. Tanta energía derrochada remando en dirección contraria merecía ahora su premio. Claro. Y con chófer incluido. “Laporta tiene derecho a disfrutar de este momento de gloria. Se gane o se pierda en París, el proyecto que él ha iniciado no tiene marcha atrás. El futuro, se mire como se mire, es blaugrana”. Desgraciadamente existía un punto de vista, el real, que cuestionaba los excitados argumentos de Mascaró. El futuro no era blaugrana. Ese equipo ya no tenía futuro. Esa obra se derrumbó como un castillo de naipes porque quien merecía disfrutar disfrutó y no supo sacarle el máximo rendimiento a la plantilla apuntalando el futuro. Le perdió la maldita autocomplacencia. Se cayó en el desgobierno, también llamado autogestión, y se truncó la trayectoria de este equipo que tenía que hacer historia. Fue necesaria una moción de censura y la aparición de Guardiola –el que era un inexperto cuando viajaba en la candidatura de Bassat- para enderezar una situación caótica.

Laporta debe saber que sigue contando con el apoyo mayoritario de los socios que le votaron de forma masiva hace tres años. Y también de todos aquellos que hemos podido comprobar cómo su sueño de construir un Barça más grande, más abierto y más democrático se ha hecho realidad”. Y si no lo sabía, Mascaró se encargó de que lo supiera. Qué poco podía imaginar que en apenas dos años ese futuro esplendoroso dibujado por Mascaró se traduciría en un rechazo mayoritario de los socios hacia su presidente con una humillante moción de censura.


EL Lado oscuro de Laporta


Amenazas a ex colaboradores

Joan Vehils lanzaba una de sus inquietantes adivinanzas en Sport el 25 de septiembre de 2005: “¿Qué ex colaborador de la actual junta directiva del Barça ha sido amenazado con perder su actual trabajo si seguía hablando mal del club en diversas emisoras de radio?”. ¿Hasta ese punto llegaba la tolerancia y el espíritu democrático de esta junta directiva? Por supuesto, nos quedamos con la duda sobre la identidad del amenazado y del amenazador, aunque no es difícil imaginarlo.

Laporta, grito subversivo

El 29 de septiembre de 2005, en Mundo Deportivo, Enric Bañeres le daba un toque al presidente bajo el título “´Laporta´ subversivo”. “Un socio de Gol Norte envió un mensaje a RAC1 denunciando que por gritar “¡Que anime Laporta!” en el Camp Nou, la policía le prohibió que volviera a mencionar ese apellido. Después de ver los cacheos de la policía, que maneja listas elaboradas de forma arbitraria por el club, sólo faltaba saber que “Laporta” es un grito subversivo en un estadio que en las peores épocas de la dictadura fue un clamor por las libertades. Sorprende que quienes combatieron con saña a otras directivas, sin reparar en el grave daño causado a la convivencia en el club, ahora hagan una lista de palabras prohibidas. Más extraño resulta en quienes para derribar “el régimen anterior no dudaban en calificar al presidente elegido en las urnas de “Bokassa”, “Pinochet”, “Hitler”, “Caudillo” e insultos parecidos, en entrevistas realizadas en ocasiones por el jefe de comunicación del club”.

Cree que no merece réplica

Interesante apreciación de Ramón Besa en El País el 13 de octubre de 2005: “Al consejo le cuesta tanto someterse a cualquier control que a veces da la sensación de que le sobran los socios o, cuando menos, lo inoportunan (…) Le cuesta a la directiva explicarse porque entiende que su actuación es tan impecable que no merece réplica”. Aunque no lo dijera Ramon Besa, a eso se le podía llamar perfectamente soberbia. “Haber reflotado el club no le da derecho a la impunidad. En el Barça no vale el “proceda, Morales” de otros tiempos”.  Eran tan maravillosos que sólo los enemigos del Barça podían encontrarle defectos a su extraordinaria gestión. 

Se siente acosado

Por eso El País reflejaba el sentir de la junta: “Laporta se siente acosado (…) la directiva del Barça se siente víctima de una campaña de erosión”. Un par de tertulias con participantes críticos y alguna afilada interpretación de algún articulista aislado alentaban el estado paranoico de una junta que veía fantasmas por todas partes, pero que no sufría el acoso de ningún grupo organizado. Ni siquiera Sandro Rosell saltó al ruedo, y no precisamente por falta de argumentos. Que los Majós, Minguellas o Castells acudieran a los platós a expresar opiniones diferentes a las marcadas por el pensamiento único de su aparato propagandístico no significaba que estuviéramos ante un contubernio maléfico y sí era más bien una muestra de higiene democrática. A fin de cuentas no hacían nada que antes no hubiera llevado a la práctica con bastante más virulencia el propio Laporta y sus amigos del Elefant Blau, el dimitido Jordi Moix entre ellos.

Mañana, capítulo 16 

Reunión con Ronaldinho en su casa de Sant Cugat / Sport también le cuestiona  / Crisis Echevarría / Mascaró: el portavoz mediático / Las gamberradas de otros / Cuatro actos diarios / Incidentes en TV3  / Encuestas internas contrarias / Reunión en La Jonquera: más parientes que directivos / Jonquerenc de honor


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