Así se vivió el clásico en la grada: Sergio Ramos ejerció de "sheriff" en el clásico

Así se vivió el clásico en la grada: Sergio Ramos ejerció de "sheriff" en el clásico

| 2021-04-11

| Fede Peris

El diario Sport retrata a Sergio Ramos ejerciendo de jefe del partido desde la grada del campo de entrenamiento de Valdebebas.

El diario Sport explica lo que sucedió de verdad en la grada del campo de entrenamiento de Valdebebas, donde el Real Madrid ganó al Barça gracias a las decisiones arbitrales. Según explica el diario catalán, Sergio Ramos ejerció de "sheriff" desde la grada. 

"Quién se escuchó desde un primer instante fue Sergio Ramos. Como si fuera el 'sheriff' del condado daba consignas a sus compañeros e incluso se atrevió a mandar a sus rivales, como cuando pidió a Alba que lanzara un balón fuera para atender a un compañero. "Tírala fuera, Jordi", gritó. Y Alba, deportivamente, accedió.



En cualquier caso, tanto Ramos como Carvajal, que estaba a su lado, no pasaron los límites en el primer tiempo, pese a que su voz retumbaba constantemente. El único exceso fue en las protestas por el choque entre Lucas Vázquez y Sergio Busquets, que acabó con la lesión del gallego. Allí se iniciaron las presiones blancas al colegiado.

El barullo se hizo grande en el segundo tiempo. El Barça acorroló al Madrid, redujo distancias y cualquier detalle podía decantar la balanza. En este punto, los suplentes barcelonistas entraron en acción y no permitieron que Ramos dominara la escena a su antojo.



Piqué y Riqui Puig

Piqué, pero especialmente un comprometido Riqui Puig, se volcaron sus compañeros. "Bé Òscar, bé", se escuchó en catalán a Riqui animando a Mingueza para que siguiera subiendo por la banda. Igualmente, cada balón recuperado era jaleado desde la grada del Di Stéfano y ya apenas se escucha a Ramos.

El tono fue subiendo y todo estalló a raíz del posible penalti no señalado sobre Braithwaite en la recta final. "¡Ya está bien!, "¡Qué vergüenza!", "¡Penalti, penalti!" gritaron en algunas de las expresiones reproducibles de un indignado banquillo blaugrana. Todos ellos levantados y con los brazos levantados.



La indignación era máxima y se escuchó un desesperado: "¡Ya era hora!" cuando el colegiado enseñó la segunda tarjeta amarilla a Casemiro. Las constantes faltas del madridista, que solo dejaron de ser impunes en los últimos minutos, eran discutidas con vehemencia desde el bando culé.

¡Solo cuatro minutos!

Piqué, que había vivido relativamente tranquilo, estalló cuando el colegiado levantó la cartulina con solo cuatro minutos de añadido. "¡Son cinco minutos!, "¡cinco minutos!", fue la petición enfurecida desde la banda más repetida, aunque nadie entendió tan poco descuento cuando se perdieron unos tres minutos solo cuando el pinganillo del árbitro se estropeó.



Piqué no pudo reprimirse cuando acabó el choque y bajó al césped para mostrar su enfado a Gil Manzano. Desde la banda saludó a compañeros y rivales, como Marco Asensio con el que conversó tranquilamente, hasta que se acercó al colegiado y le expuso todas las quejas.

Igual que había hecho con Koeman poco antes, el árbitro extremeño no atendió a razones. Carles Naval, el delegado del Barça, reprendió a Piqué para evitar males mayores en el redactado del acta. El próximo sábado se disputa la final de la Copa del Rey una sanción grave podría dejarle sin el partido. Todo quedó en una tarjeta amarilla que supuestamente vio en el túnel de vestuario.

Gil Manzano era temido por el vestuario del Barça y quedó demostardo que tenían razones para ello. No solo por su peculiar estilo de arbitraje, sino por su actitud altiva en todo momento.

Mientras en el palco, Joan Laporta, junto a su inseparable vicepresidente deportivo, Rafael Yuste, y su próximo director general, Mateu Alemany, aguantaron el tipo. Vieron que en la faceta institucional tienen mucho trabajo por delante para que el Barça vuelva a ser respetado desde todos los estamentos".

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