El abrazo de Messi a Koeman que tranquiliza al barcelonismo

El abrazo de Messi a Koeman que tranquiliza al barcelonismo

| 2020-10-29

| Redacción MB

Messi celebró su gol de penalti en Turín con un entusiasmo que no mostró cuando marcaba en el Barça de Bartomeu.

La escena protagonizada por Ronald Koeman y Leo Messi al término de Juventus-Barça fundiéndose en un abrazo sirve para tranquilizar al barcelonismo, inquieto por la irregularidad del equipo, por la amenaza de Messi de irse del club y por la falta de sintonía que pueda existir entre el jugador y un entrenador al que trajo Bartomeu.

Pero el abrazo desvela muchos interrogantes. El propio Koeman ha admitido en Turín, al término del encuentro, que "mi relación con Messi nuna ha sido complicada". Las palabras de Sergi Roberto refiriéndose a la dimisión de Bartomeu ("pasamos de esto ya") dejan muy a las claras que la presencia de Bartomeu en el seno del club era considerada como tóxica y nociva por el vestuario. Con razón o sin ella, pero lo cierto es que los jugadores no estaban predispuestos a dar lo mejor de sí mismos al servicio de Bartomeu.



Hasta Messi dejó bien claro tras enviar al club el burofax que su problema era Bartomeu. Bartomeu se ha ido y parece como si a este equipo le hubieran sacado el tapón que les impedía sacar a relucir lo mejor de sí mismo. Bartomeu ya no está y ahora se respira otro ambiente en el vestuario. Parece también como si las dudas sobre Messi se desvanecieran y que ahora estuviera más motivado para seguir.

La celebración de su gol de penalti nada ha tenido que ver con la cara de asco que ponía en sus primeros goles de la temporada. Aunque lo cierto es que, tampoco ha visto puerta Messi sin Bartomeu. Ha marcado, pero de penalti. De un penalti que ha forzado Ansu Fati, y no él. Messi está muy lejos del nivel que le convirtió en el mejor futbolista de la historia. Ahora sólo es un muy buen jugador, como tantos otros. Le falta esa chispa con la que maravilló al mundo. Y esa rapidez mental y física que le permitía adelantarse una décima de segundo a lo que hacían los demás. 



Ahora ya no tiene un presidente que le oprime. Messi ya puede sonreir y parece dispuesto a hacerlo a las órdenes de Koeman, algo que no estaba nada claro al inicio de la temporada.

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