2017-01-09 09:01 Opinión Por: Administrador

Piqué pierde encanto y glamour en su faceta de llorón



Carlos Muñiz La imagen de Gerard Piqué anoche, al término del Villarreal-Barça que acabó en empate llenando de satisfacción al madrdismo, recordó mucho al incidente que el símbolo del barcelonismo protagonizó con la Guardia Urbana porque no estaba dispuesto a consentir que le multaran por estacionar su vehículo en zona prohibida.

Y es que Piqué, chico majo, bien parecido, simpático y divertido, ha nacido para verlas venir de cara. Es entonces cuando aprovecha para reírse de los demás y disfrutar de su buena suerte echando mano de su ingenio jocoso. Sin embargo, cuando el viento se tuerce y sopla en contra, Piqué pierde todo su encanto y glamour y se convierte en un llorón vulgar sin gracia. Posiblemente los resultados negativos del Barça desgasten su capacidad creativa para inventar frases ingeniosas como la de Kevin Roldán.



Cuando van mal dadas, Piqué se convierte en un quejica sin gracia. Su imagen patética desafiando al presidente de la LFP, Javier Tebas, señalándole con el dedo índice desde el terreno de juego es una prueba más de la prepotencia de este caballero que ayer parecía más un matón de barrio que un futbolista de elite. Dice que quiere ser presidente del Barça -nada haría más feliz al madridismo, otro Gaspart- y se lo ha empezado a currar como futbolista convirtiéndose en el azote del Real Madrid.

Pero se le va la fuerza por la boca de la misma manera que se le escapan las victorias y los títulos y el Real Madrid se pierde de vista. Piqué gasta demasiada energía luchando contra molinos de viento y luego la echa en falta sobre el terreno de juego. Ahora se trata de que, visto que el Madrid ya se ha ido del todo, la culpa es de los árbitros. Esos árbitros que miran hacia otro lado cuando su amigo y compañero Javier Mascherano desvía la trayectoria del balón con la mano dentro del área.

Pero repitamos la mentira mil veces, que al final terminará por ser verdad. En eso está Piqué. Era más gracioso cuando disfrutaba de 19 penaltis a favor y 9 expulsiones en los rivales. Todo era más fácil entonces.



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