Imma Pedemonte
El cambio de ciclo es un hecho
lunes, 3 de octubre de 2011
Efectivamente -y a las pruebas de los resultados me remito-, se ha producido un cambio de ciclo definitivo. Existe un nuevo orden jerárquico, un nuevo amo y señor de las competiciones. Por eso no me creo la Liga de dos.
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Que no pierda el tiempo Del Nido con eso que él llama "Liga de dos". La Liga de fútbol es cosa de uno. Y la de baloncesto también. El siglo XXI es del Barça, se mire como se mire.
Con Guardiola en un lado y Florentino Pérez en el otro, el Barça ha ganado 12 títulos. El Real Madrid, uno. 12 a 1. Sí, sí, 12-1. Será por culpa del calendario o del carrito, pero 12-1. Con Mourinho y sin Mourinho. En tres temporadas y un par de meses el Barcelona ha ganado 3 Ligas, 2 Champions League, 1 Copa del Rey, 3 Supercopas de España, 2 Supercopas de Europa y 1 Mundialito de clubs que podrían ser 13 y 3 Champions si el amigo Benquerenza, el amigo de Mourinho, claro, no se hubiera sumado a la causa blanca de descarrilar al Barça de la final del Bernabéu.
En ese tiempo, las huestes de Florentino sólo han sido capaces de ganar una Copa del Rey, la de las magulladuras. Y en esos cuatro años, el pozo sin fondo que significa para el Real Madrid el equipo de baloncesto, no ha ganado absolutamente nada mientras Xavi Pascual, el Guardiola del baloncesto, ha conseguido 11 de los últimos 13 campeonatos que ha disputado. Además, en los duelos Barça-Madrid, el balance es espectacular: 15-2 a favor del Barcelona.
Efectivamente -y a las pruebas de los resultados me remito-, se ha producido un cambio de ciclo definitivo. Existe un nuevo orden jerárquico, un nuevo amo y señor de las competiciones. Por eso no me creo la Liga de dos. Como no me la creí en los últimos años. Aquí estamos en una Liga de uno que debe tropezar estratégicamente tres, cuatro o cinco veces a lo largo de la temporada para que los demás no se desanimen y sigan creyendo que ganar al Barça es posible.
En baloncesto Florentino trata de cambiar la inercia de los resultados sacando el talonario y fichando a cualquiera que se cruce en su camino y que mida dos metros. Y luego pasa lo que pasa, que cuando los aficionados aún no han conseguido aprenderse la alineación, porque cada año cambia, concluye la temporada, despiden a medio equipo y compran al otro medio a base de mercenarios que acabarán saliendo un año después por la puerta de atrás, como sus antecesores.
En fútbol iba Florentino por el mismo camino hasta que Mourinho le enseñó que metiendo el dedo en el ojo y pidiendo luego perdón a los madridistas se podía intimidar más al rival que enseñando el talonario.
Con el dedo por delante o el talonario por detrás, el resultado es el mismo. El Barça no se ha construido de la noche a la mañana, con prisas y dinero. Tanto en fútbol como en baloncesto hay una base de casa detrás, empezando por el entrenador. Ahora lo quieren arreglar con Rudy Fernández, el que vivió a la sombra del MVP Navarro en el reciente Europeo. Dinero tirado. Los tiempos no están para tirar el dinero, pero en el Madrid de los pelotazos no hay crisis que valgan y existe licencia para derrochar. Al menos que por intentarlo no quede, a ver si algún día suena la flauta.
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