Martes, 6 diciembre, 2016

Para circo del bueno, el Real Madrid
Para circo del bueno, el Real Madrid

Para circo del bueno, el Real Madrid

En el Real Madrid conviven un Ser Superior, un Special One y un Encantador de Serpientes a quien se le resiste alguna víbora. Eso sin contar a Butragueño, Pardeza… Muchos jefes y pocos indios. No se sabe quién manda ahí y andan todos peleados en una lucha de egos que se traslada al terreno de juego. Porque ahí pasa lo mismo: Casillas, Cristiano Ronaldo, Kaká, Sergio Ramos…  Es normal que con tanta concentración de gallos el gallinero blanco ande revuelto. Florentino ha llenado su vestuario de estrellas, estrellitas y estrellados. Y lo mismo ha ocurrido en los despachos y el banquillo. Sigue sin enterarse de que el mejor no es el que reune a más galácticos por metro cuadrado. Porque si de eso se tratara, el talonario de Florentino arrasaría con todo en lugar de condenar al Madrid a interpretar el papel de comparsa que le ha correspondido en el siglo XXI.

Siro lamenta ahora que el tema se le ha ido de las manos a su pluscuamperfecto presidente y que el futuro blanco pasa por un inevitable divorcio entre Mourinho y Valdano en el que uno de los dos deberá ser sacrificado. Y mientras en el Bernabéu andan entretenidos con sus cosas, el Barça sigue aburriendo con esas manitas que invitan al bostezo. ¡Qué rollo! Ya sabemos el resultado de los partidos del Barça antes de que se jueguen. Da igual que sea el Almería o el Real Madrid. Lo normal es que acaben 5-0. Y entiendo que eso aburra, incluso que dé asco a los que llevan años tapando sus verguenzas con la falacia del villarato, los mismos que miraron hacia otro lado en el Sánchez Pizjuán cuando el árbitro, en caso de duda, barrió para donde han barrido siempre los árbitros.

Para acabarlo de arreglar, Guardiola se abraza a las farolas y es amigo de todo el mundo. Por no pelearse, ni entra al trapo con las provocaciones directas que le lanza Mourinho. Admito que el Madrid es mucho más divertido que el Barça. Ahí tienen circo cada día, y del bueno. Peleas, cuchilladas por la espalda, envidias, mentiras, traiciones… Eso sí es espectáculo y no las goleadas del Barça. Messi, Pedrito, Villa, Iniesta… Y otra vez. Y otra vez… ¡Soporífero, amigos! ¡Un tostón!

Siro, tú que tienes mano con Florentino, dile que si quiere que su Madrid sea como el Barça, es decir que sólo sea noticia por sus aburridas goleadas, que se olvide de esos consejeros que le han garantizado que el paraíso del fútbol se compra con el dinero de los socios y que imite al Barça. No es tan difícil. En el Camp Nou sólo manda uno y se hace lo que él dice. Sin interferencias. Nadie le cuestiona, ni en los despachos ni en el césped. No es un ser superior, pero como si lo fuera. Vacila a los periodistas, pero éstos le ríen las gracias. Pone firmes a sus jugadores porque saben que manda, y mucho. En los despachos su palabra es la ley, y pobre del que se atreva a llevarle la contraria. Y la afición le adora. La suya y la de los demás equipos excepto uno.

¿Ves qué fácil, Siro? La clave del éxito de los proyectos no está en jugar al ataque o a la defensiva, en utilizar un 4-4-2 o un 4-3-3. Eso es lo de menos en un Real Madrid que siempre tendrá excelentes futbolistas y puede ganar hasta con Casillas de 9 y Ronaldo de central. La clave es que los jugadores sepan a quién hay que obedecer. Y cuanto más cerca tengan al que manda, mejor.

Los futbolistas ven a su jefe llorar y arrastrarse para que el club le haga caso -tema delantero centro- y eso limita su capacidad de convicción en el vestuario. Y más cuando su jefe tiene otro jefe que le va lanzando recaditos irónicos. Y más cuando el jefe del jefe de su jefe se alinea en el bando del que no manda en el vestuario. Eso en el Barça no pasa. Pobre del que se atreva a cuestionar al que manda. Él, sólo él, es la luz que guía a un Barça que anduvo descarriado y que ya hace tiempo que circula por la vía correcta. El método funciona.

Es sólo una idea, Siro. Pero podéis seguir en el Madrid con vuestra táctica de empezar un proyecto cada año. Eso haría feliz al barcelonismo y le permitiría seguir disfrutando del espectáculo blanco, un espectáculo que no tiene en el Camp Nou porque este Barça sólo sabe ganar y jugar bien. Solamente eso, aunque seguro que debe haber cosas peores.

 

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