Sábado, 3 diciembre, 2016

A Rosell le pueden tumbar el sponsor
A Rosell le pueden tumbar el sponsor

A Rosell le pueden tumbar el sponsor

La opinión pública barcelonista está dividida hasta tal punto que si la reunión de la asamblea de compromisarios fuese hoy, lo más probable es que se impusiese la tesis contraria a manchar la camiseta con el anunciante asiático.

La encuesta formulada por madrid-barcelona.com, en la línea de las de los demás medios de comunicación, ha arrojado un triunfo de la postura contraria al acuerdo (68%) frente a los favorables (32%). Ante este panorama suena a ligereza que Sandro Rosell afirmara en público que la asamblea puede vetar el acuerdo, fundamentalmente porque fue la propia asamblea la que decidió soberanamente en 2003 que había que estampar publicidad en la camiseta para paliar la delicada situación económica por la que entonces atravesaba el club.

Ha sido un error de cálculo, grave, que puede pasarle factura a un presidente que no ha sabido explicar a los socios las ventajas de un acuerdo histórico que pone al Barça a la cabeza de los clubs más cotizados del mundo. El hecho de que no sea Qatar Foundation, a quien se le suponen nobles objetivos, quien financie la operación, sino Qatar Sports Investment, de quien nadie ha ofrecido explicaciones, añade más interrogantes a una operación que de por sí ya es confusa. Por otra parte, las relaciones de Rosell con Oriente Medio, que incluso le han llevado a vender su empresa allí, contribuyen a generar más excepticismo entre la masa social ante un acontecimiento que debió venderse como histórico y que al final es entendido como un “pacto con el diablo”.

Rosell ha conseguido que el barcelonismo vea en Qatar lo mismo que vio en Uzbekistan relacionado con Laporta. Y eso fue precisamente lo que alejó al socio del Barcelona de su presidente. Recientemente el presidente del Barcelona se desplazó a Qatar en compañía de su señora. Nada que objetar. Y probablemente ese desplazamiento no le costó un euro a los socios del Barça, pero volvemos a estar en las mismas y con el socio reclamando transparencia.

Y luego existe esa obsesion permanente por recordar que la camiseta seguirá siendo solidaria. No es necesario que el anunciante sea un enviado de Dios y aglutine todas las virtudes que deban adornar a la humanidad. El Barça no es una ONG. Con que no existan sombras es suficiente.

 

 

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