Sábado, 10 diciembre, 2016

¿Ganar al Madrid? No. ¡Humillarlo!
¿Ganar al Madrid? No. ¡Humillarlo!

¿Ganar al Madrid? No. ¡Humillarlo!

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Pero, del mismo modo, cuando uno, el mismo, es decir yo, escucho a Mourinho sacar pecho, a Cristiano intentar hablar –la criatura le pone voluntad- me entra una mala leche, un cabreo interior que me va calentando de dentro hacia fuera hasta pensar que no. Que la victoria por 1-0 no me sirve. Que no quiero los tres puntos. ¿Y que quiero? Humillar al Madrid. Al madridismo. A la España mezquina, corta, limitada, ignorante y desmemoriada que necesita pasar cada año por el Camp Nou para que los de aquí les recordemos quien manda en esto del futbol.

Ganar a los blancos, al equipo patrocinado por la ‘Nueva Prensa del Movimiento’ estaría bien, sí, claro, seguro. Pero ya puestos, ¿por qué no darles otra lección? Una más. Que agachen la cabeza, bajen el morro y escapen camino de El Prat con la cara colorada y el rabo entre las piernas. Porque como dice el refranero español: “A todo cerdo le llega su San Martín”. Y el 29 N, 21:00h. en el Camp Nou, es un momento precioso para que se cumpla la dicha. Y es que del Estadi  más de uno puede salir afeitado a navaja y visto para sentencia.

Si al enemigo ni agua, al Madrid vinagre.¡Mucho vinagre! En Barcelona, en Catalunya, hemos tragado mucha porquería, mierda hablando claro, desde que empezó la Liga. Nada nuevo porque aquí ya llueve sobre mojado: Villaratos reiterados y demás memeces de cuatro cortos que han contado con la ignorancia del español medio para hacer más fuerte su mensaje e insultar, vejar, menospreciar, faltar al cule.

Personajes atrapados en tiempos del NODO y del bigote, sí hombre: aquellos días en los que el ‘Real’ ganaba las Ligas por decreto ley e iba por Europa con el trabuco y el brazo alzado llenando el museo. Por suerte, los tiempos han cambiado. El problema es que algunos limitados no se han dado cuenta de ello y hay que recordarles año tras año, clásico a clásico, que en ese precioso país que es su España ya no mandan los mismos. Que los tiempos han cambiado y que aquí ya no ponemos la otra mejilla. Así que: caña al Madrid. Y mano dura. Pero dura, dura, ¡dura!   

 

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