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Francesc Perearnau
Francesc Perearnau

¡Hay peligro!

Es grande la tentación de responder a Mourinho y al neomadridismo charcutero y escandalizante. Pero hasta aquí la única concesión al enemigo.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Ni hay que caer en la trampa ni prestarle mayor atención. Todo resulta ser un envoltorio para desviar al Barça de su verdadero objetivo, que es ganar en el campo. Lo demás resulta irrelevante y engañoso. Lo que Mou pretende es que mientras la grada se sulfura contra él y contra los elementos, el equipo haga su faena. Que la puede hacer. El Barça ha vivido dos años triunfales frente a un Madrid evidentemente inferior, capaz de manejarse incluso bien contra el resto de los 18 equipos de la Liga como hizo el Madrid de Pellegrini, pero vencido mental y futbolísticamente ante un Barça con más personalidad y convicción.
 
Sin embargo, haría bien el barcelonismo en reflexionar sobre una evidencia del histórico reciente de los clásicos en el Camp Nou, donde el equipo de Pep ha sufrido mucho más que en el Bernabéu. Es un partido en el que coinciden la enorme presión que siempre ejerce el clásico en el futbolista del Barça y el orgullo blanco en el futbolista visitante, que todavía existe, mucho más ahora que a Mourinho, su nuevo capitán trueno, no sólo no le aterra jugar en el Camp Nou, sino que le va la marcha.

Ojo porque el primer clásico de Pep fue un sufrimiento, arbitral sobre todo pero también en el marcador y el segundo lo ganó a la heroica con diez jugadores y pidiendo la hora después del golazo de Ibrahimovic. Los precedentes, pues, no son como para sentirse plenamente seguros, ni siquiera ahora que el Barça ya está lo bastante fino. También lo está el rival.

Centrarse en los aspectos del juego, en lo estrictamente futbolístico sería el mandamiento número uno y único de este clásico. Mientras Mou quiere hacernos ver que él ganará el partido desde el banquillo, lo que planea es acaparar la atención mediática y dejar que su equipo, sin alharacas ni toqueteos de balón, ajusticie al Barça como hizo el martes al Ajax en Amsterdam. Poco le importa al enemigo el cómo y la forma, busca el resultado y, en este caso, perpetrar un castigo que deje al mejor equipo del mundo en estado de shock.

Aunque está bien el no responder de los profesionales azulgrana, la rabia del vestuario supura ligeramente y se revela incendiaria. Cuidado. Debe corregirse a tiempo esta perjudicial tendencia y hacer un esfuerzo por vivir el clásico desde el barcelonismo, a favor del equipo y completamente ajeno al vociferante madridismo. Sirva de lección el KO del Inter en las semifinales de la Champions. Era difícil y fue imposible. Esta vez será difícil, mucho más que nunca, pero no imposible.

 

Francesc Perearnau - Subdirector del Mundo Deportivo

 
 
 
 
 
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