Domingo, 4 diciembre, 2016

Iniesta salió vivo de San Mamés. ¿De qué se queja el Barça?
Iniesta salió vivo de San Mamés. ¿De qué se queja el Barça?

Iniesta salió vivo de San Mamés. ¿De qué se queja el Barça?

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Villa sufrió tres entradas seguidas en falta de Gurpegui a un palmo de las narices del árbitro. Y nada, como si lloviera. El tipo, que saltó al campo, como siempre, sin más argumentos que el de su fuerza bruta y que se dedicó a repartir a todo lo que se moviera ante él, acabó el partido inmaculado y sin castigo. El que fue objeto de hostigamiento y dureza vio la roja a la primera.

Villa mereció la expulsión, cierto. Incumplió el reglamento y se ganó la roja. ¿Y el otro, el que le estuvo buscando las cosquillas durante todo el partido? El nuevo villarato, al parecer, contempla con buenos ojos el acoso y derribo al culé a la espera de un gesto para enseñarle la roja. Como al otro, el tal Amorebieta, el machote más machote de la Liga, que el año pasado vio 15 amarillas, el anterior 13 y 15 más hace tres años. Más de 80 tarjetas amarillas y 8 rojas en 6 años. ¡Menuda pieza! Este es el que el año pasado le dejó a Messi sus tacos marcados en la cara. El antibarcelonismo llora por él porque le van a sancionar y a fin de cuentas Iniesta sigue en el reino de los vivos. No era para tanto. Ni que le hubieran partido la pierna en trocitos, como le sucedió a Schuster en San Mamés y a Maradona en el Camp Nou con otro machote ilustre, Andoni Goikoetxea.

Así se escribe la historia del fútbol español. Si no hay sangre, no hay castigo, a no ser que Villa –“tonto” le llamó la sabia afición de San Mamés- caiga como un pardillo en la trampa del marrullero Gurpegui. Jugar no jugará, pero de triquiñuelas sabe mucho. Aunque, eso sí, que a Gurpegui no se le ocurra actuar igual ante Cristiano Ronaldo. Que sepa el chicarrón que si saca de quicio al portugués y consigue autoexpulsarle, que se prepare. Le estará esperando un consejo de guerra para crucificarle. Él ya sabe de qué hablo.

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