Sábado, 10 diciembre, 2016

El Madrid es más de lo que parece
El Madrid es más de lo que parece

El Madrid es más de lo que parece

Jornada inaugural. Inapelable victoria del Barça en Santander, decepcionante empate del Madrid en Palma. Los dos partidos, por supuesto, televisados y todos los que lo vieron, después de haberse admirado ante el nivel del campeón, llegaron a la misma conclusión tras ver cómo el aspirante se dejaba dos puntos en Palma: hoy por hoy, no hay color.

Esta semana, con la Liga parada, se ha prolongado y pormenorizado el análisis de aquellos partidos, pero las valoraciones no han sido muy distintas a las constatadas tras la primera impresión.

El Barça, conjuntado y ambicioso, si no no hubiese ganado ocho de los últimos diez títulos disputados, está muy por encima de un nuevo Madrid en formación. Lo ha dicho Luis Aragonés, en la misma línea está Mauricio Pochettino y, machaconamente, lo repite la prensa especializada… mientras adelanta que José Mourinho le pide a Florentino Pérez que, en invierno, le compre un nuevo delantero centro.

Sobre el papel, efectivamente, no hay color pero, sin ninguna duda, lo terminará habiendo. Lo hubo hace dos años con Juande Ramos en el banquillo del Madrid, lo hubo el año pasado con Manuel Pellegrini y lo habrá esta temporada con Mourinho. El Madrid, lo entrene quien lo entre, siempre es un rival competitivo. El Madrid, con Guti o con Canales, con Raúl o con Higuain, siempre da guerra, y lo peor que podría hacer el Barcelona es creerse todo lo que se está diciendo del propio Barça y del Madrid. Confiarse es morir.

Mourinho, que lo tiene claro, ha llegado al Madrid no para jugar como el Barça ni tan siquiera para jugar bien. Le han fichado para ganar y esa es la idea que el entrenador portugués quiere inculcarle a su equipo. Y como Mourinho tiene en su plantilla tanta o más pegada de la que disfrutó Pellegrini, no hay que ser un lince para suponer que el Madrid volverá a dar guerra hasta el último día porque este es un equipo que, como hemos visto los últimos años, puede perderlo todo pero jamás regala nada.

En este sentido, la clave del éxito del campeón es precisamente no sentirse superior ante nadie, no perderle el respeto a ningún rival y, sobre todo, jugar cada partido con los cinco sentidos. Y es que el juego del Barça – y la filosofía de su cuerpo técnico – no permite relajación porque, a medio gas, es absolutamente imposible jugar al fútbol como lo hace el Barcelona.

La presión que distingue al campeón y la excelencia de su fútbol exigen concentración máxima y obviar todas las facilidades con las que el entorno invita al exceso de confianza. Ganar, se diga lo que se diga, nunca es fácil porque todos quiere vencer al Barcelona. Empezando, mañana, por el Hércules y acabando por ese Madrid que hoy parece que no es nadie pero que, al final, siempre es el Madrid

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