Jueves, 8 diciembre, 2016

Liechtenstein-España, un anacronismo
Liechtenstein-España, un anacronismo

Liechtenstein-España, un anacronismo

Recuerdo que cuando yo era un chaval el Madrid jugó una eliminatoria europea contra el Jeunesse d’Esch, de Luxemburgo. Se saldó con dos goleadas perezosas. En aquellos años (hace cincuenta) aún jugaban la Copa de Europa los campeones de Liga de cada país, cuyos méritos se pretendían equivalentes. Tantos años más tarde, el fútbol de clubes está organizado de otra forma, en estratos. A la vieja Copa de Europa, hoy Champions, concurren hasta cuatro clubes de los países más fuertes y ninguno de los más débiles. Entre ambos mundos existe el espeso filtro de la Europa League, que hace de Segunda División.

No es así en el mundo de las selecciones, de modo que la española, campeona europea y mundial, representante de casi 47 millones de habitantes y de una profunda tradición futbolística, visita hoy un pequeño país, un hermoso y respetable reducto que ha salvado su soberanía de no se recuerda ya cuántas guerras y convulsiones, pero que tiene 35.000 habitantes (la tercera parte que la provincia de Soria) y no puede montar ni su propia Liga, como es natural. El equipo que lleva el nombre de la capital, Vaduz, juega el campeonato suizo. Liechtenstein es un paraíso alpino, cantera de esquiadores, pero en fútbol no es nada.

Que España juegue allí es algo hermoso hasta cierto punto. Los aficionados al fútbol de aquel jardín lo agradecerán. Podemos sentirnos felices por ellos, pero no es práctico. En estos tiempos en los que a los Xavi, Casillas, Torres y demás de todo el mundo se les obliga a meterse más de sesenta partidos entre pecho y espalda, va siendo hora de considerar la idea de dos categorías en el fútbol de selecciones, particularmente en Europa. Necesitamos una primera y una segunda división, con sus ascensos y sus descensos. Porque fingir que lo de hoy puede ser un partido serio y proporcionado es a todas luces insensato.

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