Miércoles, 7 diciembre, 2016

…Y siguen cayendo los títulos
…Y siguen cayendo los títulos

…Y siguen cayendo los títulos

Como cada agosto me fui a pasar un día, con su cena, su noche, su tertulia interminable hasta altas horas de la madrugada sobre las familias, los hijos, nuestros trabajos y el Barça con mi amigo del alma. Tiene una casita en la montaña y no hay mejor lugar para repasar nuestras vidas y parte de las de los demás bajo las estrellas, con un ‘jerseicito’ sobre los hombros. Ya no tenemos edad. Desde que bajé de aquel hermoso lugar y cada vez que apago la luz de mi mesita de noche me acuerdo de su pronóstico azulgrana: me temo que Pep Guardiola ha decidido vivir su último año de entrenador en plan supervivencia y me temo que ha elegido un reto inigualable, jugar bien, seguir agradando, seguir deleitando a la afición, sea o no azulgrana, con su fútbol vistoso, ofensivo y artístico y, además, abandonar el banquillo dejando un equipo con tres, cuatro o cinco años más de gloria, de ahí que, frente a los nombres de Cesc, Ozil o quien sea, él destape el frasco de La Masia y nos muestre sus hombres del futuro. Mi amigo del alma cree que la frase de junio de Guardiola será: este es mi legado, este es mi equipo y aquí os lo dejo para que disfrutéis de él durante años. Esa aparición (¿a que no habían pensado en ello, a que no les suena descabellada, a que la temen?) es la que se me aparece, no en sueños, no, cada vez que desconecto el interruptor de mi mesita de noche. Si tú ves jugar al Barça con tan solo diez días de entrenamiento, le ves hacer fantasía de colores, arrollar a un equipo de Champions, remontar una eliminatoria dificilísima, jugar con los de siempre y los nuevos, en defensa y ataque, y provocar el delirio del Camp Nou, piensas: ¿qué es lo que impide que esto sea eterno? ¿El desgaste? ¿La edad? ¿Los egos de unos y otros? Hay muchos ignorantes que creen que, con cualquier otro entrenador, estos chicos jugarían igual de bien, de motivados, de lúcidos, de ofensivos, de organizados, de solidarios. Sí, hay mucho bobo por el mundo. Esperemos que ninguno de ellos habite en la nueva junta directiva. Aunque, no deja de ser curioso, sintomático, sospechoso, inquietante, que José Mourinho declare que él, si fuese el Barça, hubiese renovado a Guardiola por diez años y el técnico azulgrana sólo haya firmado por un año más. Tan curioso como que Joan Laporta piense que haber sido presidente del Barça le puede catapultar a la presidencia de Catalunya y Guardiola, que ganaría esas elecciones con una mano, se conforme con oír a los Manolos o Facto Delafé. Pagaría una fortuna por saber qué le dijo Sandro Rosell a Guardiola cuando, el sábado por la noche, le abrazó sobre el césped del Camp Nou, pero sospecho que no lo sabré hasta la velada de agosto del 2011. Prometo contárselo.

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