Martes, 6 diciembre, 2016

Habla tan poco por no molestar
Habla tan poco por no molestar

Habla tan poco por no molestar

Me alegra mucho en el regreso a España comprobar que el aficionado ensalza tanto la victoria sobre el terreno de juego como los valores que transmiten estos jugadores que nos han hecho campeones del mundo. Andrés Iniesta aporta al grupo, además de la sencillez del resto, el tono de timidez que es común en la mayoría de nosotros.

En el avión de vuelta me crucé de madrugada con él. Era la segunda de vez que nos saludábamos en un mes. Y lo hizo cortadillo. Luego, exhibió los golpes que tenía en el cuerpo tras la final con Holanda y acabó preocupándose de si se había visto por la tele su reacción airada tras la enésima patada de Van Bommel. Le tranquilizamos diciéndole que las cámaras le habían cazado, pero que no era nada grave. Y respiró tranquilo.

Esa inquietud por saber que no se había percibido violencia en su respuesta explica la forma de ser de este manchego de ley. Entiende el fútbol como una forma de transmitir alegría al aficionado y no gestos feos. Estoy por apostar que preferiría perder, antes que ganar por la vía del juego sucio o la especulación. Porque esta generación de jugadores apuestan por divertirse en el campo, hacerlo bonito y pasar inadvertidos cuando acaba el partido.

En las celebraciones del lunes se vio que lo pasan fatal si tienen que hablar en público. Lo suyo es otra cosa. No es falsa modestia, ni exceso de timidez, simplemente huyen del estrellato que tan de moda han puesto otros jugadores, convertidos en máquinas del anuncio y el glamour. Esperemos que no cambien, porque así nos va muy bien.

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