Martes, 6 diciembre, 2016

29-J: San Selección
29-J: San Selección

29-J: San Selección

La vida sigue igual. El 29 de junio quedará para los restos como el día de San Selección. Dos años se cumplían del glorioso vals de Viena, con el golazo del Niño Torres a Alemania que nos hizo campeones. Se habían albergado dudas razonables tras los partiditos insulsos ante Suiza, Honduras y Chile, pero estando en las manos sabias y sensatas de un tipo como Del Bosque esto sólo podía acabar bien. España recuperó en el estadio Green Point (desde anoche rebautizado como Red Point) su letra, su música, su prosa, su verso, su tiqui, su taca, su posesión, su obsesión, su buen gusto, su dominio, su mando, su personalidad, su identidad, su autenticidad, su poder de seducción, su credibilidad… Dos años después de Viena el mundo entero rescató la imagen celestial de una Selección que es algo más que un equipo de fútbol. Es el espejo en el que deben mirarse todos a partir de ahora para predicar con el ejemplo de aquellos que sueñan con hacer del fútbol un arte. Toda España se echó anoche a la calle para celebrar no sólo el soñado pase a cuartos de final, sino la reconquista de esa bandera del juego que nos abandonó durante los tres primeros capítulos de un Mundial que huele la sangre roja de nuestra camiseta, dispuesta a hacer historia con letras de oro. Qué gozada ser de un país que ha convertido este juego en un spa con vistas al mar…

Venganza. Además, no neguemos que supo a gloria tomarse ante los hermanos portugueses la revancha de la Eurocopa de 2004. Aquella vez Nuno Gomes tumbó la resistencia de una España embrionaria, alejada del modelo perfeccionista que empezó construyendo Luis Aragonés y que ha terminado alicatando el profesor Don Vicente. La cara de favorito que se le ha puesto a España no la genera un resultado frío y parco en guarismos numéricos como el de ayer en Ciudad del Cabo (1-0), sino el recital de pases con criterio que finalizaron con una serie de muletazos que obligaron a Portugal a entregar la cuchara sin levantar su voz ante un Casillas que vuelve a estar protegido por los dioses (y eso que Baldassi nos la quiso jugar pasando por alto un atropello al Galáctico de Móstoles). Por cierto, Iker consoló a Eduardo, el porterazo luso, mientras lloraba desconsolado. Gestos como ese hacen de Casillas un digno capitán de España. ¡Grande, nene!

Fuera rachas. Portugal llegaba a la cita imbatido e invicto en un porrón de partidos. Todos esos récords sucumbieron ante la técnica y el oficio de una España didáctica que ha logrado que todos nos olvidemos de los colores cotidianos en la lucha por un objetivo común. One dream, one team: España. Me emociono mientras escribo estas líneas y veo por televisión las plazas de todos los rincones de la piel de toro llenas de compatriotas gritando a pulmón el nuevo hit del verano: “¡Yo soy español, español, español!”.

Don Pelayo Villa. Este asturiano de Tuilla es tan chiquitín de tamaño como grande de espíritu.

COMENTA CON FACEBOOK



Related posts