Miércoles, 7 diciembre, 2016

Yo no echaré de menos a Laporta
Yo no echaré de menos a Laporta

Yo no echaré de menos a Laporta

Sostiene el amigo Víctor Lozano que Laporta “agarró el Barça sumido en la miseria económica y deportiva y lo devuelve siendo la referencia del fútbol mundial”. No dice que Laporta deja el club con una deuda superior a la que encontró y con una mochila repleta de marrones: Ibrahimovics, Henrys, Chygrynskyis, Cáceres, Hlebs, Henriques o Keirrisons, muchos de ellos con fichas multimillonarias.

Dice Lozano que con Laporta ha vivido el Barça la mejor etapa de su historia. Da la sensación de que ha sido Laporta quien ha rematado los goles en los últimos siete años. Pues no. Lo mejor de este glorioso Barça reciente ha sido Ronaldinho, Valdés, Puyol, Xavi, Iniesta y Messi, y ninguno de ellos es de Laporta. son del Barça, del Barça de todos, del Barça que le dejaron en la mochila. Estos tipos son tan buenos que han llevado al club a la cima mientras el presidente se metía goles en propia puerta quedándose en calzoncillos en el aeropuerto, colocando amiguitas en la nómina del club que pagan los socios, comportándose como un hooligan en el palco, abroncando a las penyes, tratando de lucrarse particularmente utilizando su cargo, relacionando al Barça con personajes y países nada recomendables, colocando en la junta a un patrono de la Fundación Francisco Franco, mintiendo a los socios en la asamblea, saltándose los estatutos, ocultando información a los dueños del club parapetado en indignas cláusulas de confidencialidad, convirtiendo al club en una prolongación de sus intereses políticos, maquinando faraónicos proyectos inmobiliarios sin consultar al socio… Lo ha hecho tan mal que en siete años le han dejado plantado 15 directivos, entre ellos los cinco vicepresidentes con más peso. Lo ha hecho tan mal que el socio, que es soberano, le castigó su soberbia en la moción de censura, y 2 ligas, 1 Champions, 2 supercopas y 1 Mundialito después le ha vuelto a castigar en las urnas despreciando a su candidato favorito.

El Barça ha vivido con Laporta su mejor época, aunque él haya hecho todo lo posible por avergonzar al barcelonismo con sus actos. Y no lo digo yo. Lo dice la gran mayoría de socios culés, que ni son antibarcelonistas, como cree Lozano ingenuamente, ni tienen nada personal contra él. Simplemente quieren un presidente que esté en el palco a la altura de lo que ven sobre el césped.

“Se va cuando le toca” dice Lozano. Si de él hubiera dependido, se habría ido cuando no le tocaba, exactamente dentro de un año. Afortunadamente, la ley está por encima de Laporta y sus talibanes y un juez le obligó a ajustar su mandato a lo que tocaba. Y es que de vez en cuando ha convenido recordarle a este hombre que también él es un mortal.

Añade Lozano que Laporta ha tenido al Madrid a raya, contra las cuerdas. Cierto, tan cierto como que por culpa de su autocamplecencia y dejadez absoluta mientras se dedicaba a viajar con la visa del club a lo largo y ancho de este mundo, el peor Madrid de la historia ganó dos Ligas que deberían lucir en el Museu Josep Lluis Núñez. Sí, Museu Josep Lluís Núñez. Ese es su nombre, aunque el rencor y la rabia le hayan impulsado a ejercer de tirano bananero tratando de cambiar la historia del club para reescribirla a su manera.

Para buena parte del barcelonismo -la mayoría según las urnas- el adiós de Laporta supone la liberación que suponía la hipoteca de apellidos como Cruyff, Oliver o Sala i Martín. Personajes todos ellos poco claros y más laportististas que barcelonistas.

No busque usted, amigo Lozano, gigantes donde sólo existen molinos de viento. Las críticas que ha recibido Laporta durante su mandato son un juego de niños en comparación con la artillería pesada que el todavía presidente desplegó en prensa, radio y TV contra anteriores presidentes del Barça. Y los que no somos laportistas fundamentalistas, como usted, no creemos que por eso Laporta hubiera sido antibarcelonista. Eso lo dejamos para los que disfrutan embaucando y diciendo que son barcelonistas, cuando no lo son.

Aún así, agradezcámosle a Laporta los servicios prestados y si hay que ponerle su nombre a algo del club -la agencia de viajes, por ejemplo-, hagámoslo con generosidad y amplitud de miras.

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