Martes, 6 diciembre, 2016

Miguel Rico – El modelo no es ni Pep ni nadie
Miguel Rico – El modelo no es ni Pep ni nadie

Miguel Rico – El modelo no es ni Pep ni nadie

Quedan, justo, dos semanas para el traspaso de poderes. Son las dos últimas en las que Sandro Rosell -antes de poder desplegar su ambicioso programa electoral- podrá moverse, con impunidad absoluta, al amparo de los errores acumulados por el estilo de Joan Laporta. Ahora bien, en cuanto tome posesión, se acabó. A partir del 1 de julio, el nuevo presidente deberá competir con los éxitos de Laporta. Que tampoco han sido pocos. Entre otras cosas, más de setenta títulos en las cuatro secciones profesionales. Y muchos, de ellos, inmensos. El día a día del Barça no le da tregua a nadie.

Rosell, desde el minuto uno, tendrá que confirmar lo que prometió en campaña. Que llega al Barça para cambiar el estilo presidencial y para mantener, o mejorar, el modelo. Y para eso lo primero que debe hacer es liberar a Guardiola de las responsabilidades que no le corresponden y que, entre todos, le hemos ido endosando.

Pep, aunque demos como bueno que puede acabar siendo lo que quiera ser en el Barça, de momento sólo es el entrenador. No es el modelo ni el presidente ni el secretario técnico ni un milagroso ser superior capaz de sostener siempre al club con los espectaculares resultados del equipo, o con su impecable discurso barcelonista.

El FC Barcelona que está llegando, esperemos que corregido y aumentado, debe hacer entender al mundo que hay vida más allá de Guardiola. Convencernos a unos y a otros de que el modelo no es una persona sino la línea irrenunciable del club. Pep es el impecable portador de la antorcha… pero el modelo es la llama.

Y la llama del FC Barcelona no puede ser una persona u otra, sino un concepto global irrenunciable. Y las ideas que lo conforman han de estar, siempre, por encima de los nombres. Tener un gran presidente, o un gran entrenador o un gran futbolista, o las tres cosas a la vez, no significa, necesariamente, tener un proyecto. En otras épocas se ha tenido todo eso y el Barça no ha sidolo que debía ser.

El club, en el fondo, ha de ser como es el vestuario de Guardiola. Ahí, todos los jugadores -incluido el mejor del mundo- han entendido que la estrella ha de ser el equipo. Exactamente lo mismo que debe ocurrir en la sala de juntas, dónde todos los dirigentes deben asumir que la gran estrella es el FC Barcelona. Y que el principal objetivo de los próximos seis años no es competir con el pasado más reciente ni lanzarse al estrellato empresarial o político desde el trampolín del Barça.

Rosell debe esforzarse no sólo para seguir ganando, sino para entregar a su sucesor un Barça mejor del que recibirá. Como Laporta le entregará a él un Barça mejor del que se encontró, del que se encontraron, en 2003. Y es que eso es el modelo. Querer que el Barça sea más grande que uno mismo.

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