Domingo, 11 diciembre, 2016

Buenas vibraciones
Buenas vibraciones

Buenas vibraciones

Lo más importante de la jornada electoral del pasado domingo fue el civismo ejercido y demostrado por los barcelonistas durante todo el día y luego por los cuatro candidatos y la junta directiva saliente. El abrazo de Joan Laporta a Sandro Rosell fue el símbolo de un círculo que se cerraba, círculo virtuoso, como a ellos les gustaba llamarlo.

Se cierra una etapa pero, en mi opinión, gana el continuismo, porque Rosell mantendrá el mismo entrenador, el mismo esquema de la Masia y base de la cantera. Sólo diferirán Laporta y él en cuestiones de estilo, gastos públicos, secretario técnico y reverencias a Johan Cruyff, que, típico de él, estaba en la otra parte del mundo el día clave del Barça. No me valen excusas.

Otros cambios de presidente se han producido de forma traumática a lo largo de la historia del Barça, pero el actual, gracias a los logros de la plantilla y de Pep Guardiola, se consigue en un momento dulce. Yo creo que la habilidad psicológica de Laporta, que es considerable, le lleva a entender que todos, y sobre todo él, saldrán ganando con una transmisión de poderes amable, leal y transparente; suponiendo que las alfombras sean transparentes.

De fichajes para la próxima temporada ahora no es momento de hablar. Ni de descartes de jugadores, que habrá pocos, aunque me temo que se produzca el que yo no deseo que suceda de ningún modo y que achacaré a Guardiola.

Ahora es momento de buenas vibraciones, de autocongratulación (que no autocomplacencia) barcelonista y de pasar un verano consolidando lo que ya es muy sólido.

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