Domingo, 4 diciembre, 2016

Martí Perearnau – Competitividad a la máxima potencia
Martí Perearnau – Competitividad a la máxima potencia

Martí Perearnau – Competitividad a la máxima potencia

Habrá tiempo para desmenuzar las incompatibilidades, si es que las hay, entre Villa e Ibra, las variantes que aporta Cesc al Barça o los posibles candidatos a mediocentro defensivo y lateral derecho que permitan respirar de vez en cuando a Busquets y Alves. También diseccionaremos qué Real Madrid encontrará Mourinho y cómo piensa alicatarlo, con lo que hoy nos centraremos en la maravillosa final de Champions que albergará esta noche el Bernabéu. La primera impresión que uno advierte es que esa teoría de que la Champions es una lotería no se sostiene: llegan a la final dos grandes equipos liderados por dos fenomenales técnicos y trufados de futbolistas de enjundia. Lo hacen tras eliminar los interistas a Chelsea y Barça y tras derribar los alemanes al otro finalista de los dos años anteriores, el Manchester de Ferguson. La lotería fue la presencia del Olympique de Lyon en semifinales, equipo inferior por más que derrotara a un Madrid desnortado por la ausencia de Xabi Alonso, pero del resto sólo puede afirmarse que estuvieron en la pomada los auténticos poderosos de Europa. Y lo mismo diríamos de las ediciones recientes, con Barça, Manchester, Chelsea, Arsenal, Milan o Liverpool copando semifinales y finales casi en rotación.

Llegan quienes más lo han merecido, lo que no significa que desplieguen el fútbol más vistoso como bien demostró un Inter forjado en hierro y piedra. Un factor une a los dos finalistas: ambos equipos son tremendamente competitivos. El Bayern siempre lo fue, por alemán y por espíritu fundacional. El Inter ha adquirido esta virtud teologal a partir de su entrenador, un demonio cara al público, pero un camaleón en lo táctico, capaz de adaptarse a cualquier situación y rival, jugarle de cara o esconder sus trabucaires tras un biombo de hormigón armado. Por el contrario, los alemanes poseen idéntica capacidad competitiva, pero viven enfocados sólo al ataque y descuidan su defensa de cristal. Su horizonte táctico es muy distinto, fruto de la personalidad del gran Van Gaal, un técnico lapidado por el entorno barcelonista pero que con los años se ha reivindicado como entrenador prodigioso y experto formador de futbolistas imberbes (pregunten a Xavi o Valdés). La coincidencia de que Van Gaal y Mourinho compartieran banquillo en el Camp Nou no ha modificado sus características: el holandés sigue siendo un técnico ofensivo y el portugués, un todoterreno que se adapta a las necesidades. En cualquier caso, uno de ellos sumará su segunda Champions y un triplete puro de mejor calidad que los obtenidos, respectivamente, con Ajax y Oporto hace bastantes años. Será otra final fantástica con barcelonistas y madridistas totalmente divididos en su apoyo.

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