Domingo, 4 diciembre, 2016

No era prepotencia. Era superioridad
No era prepotencia. Era superioridad

No era prepotencia. Era superioridad

En la época dorada del madridismo, en tiempos del amigo Plaza, cuando el Madrid ganaba siempre y el Barça también perdia siempre, una frase hizo fortuna entre el barcelonismo al término de cada temporada, al término de cada fracaso: “l´any que ve sí”. El año que viene sí. Y de esa ilusión vivió el barcelonismo durante muchos años. La frase ha cambiado de barrio y ahora se la aplica el madridismo. Segundo año en blanco y ahora nervios: a fichar a Mourinho, a sacar de nuevo el talonario… El ser superior ya no sabe qué hacer para neutralizar la evidente superioridad del Barcelona, pero para el barcelonismo no hay mejor noticia que la de un Madrid a la deriva cambiando de entrenador cada año y sacando el talonario en busca de fichajes millonarios que no garantizan la felicidad. Y a las pruebas me remito.

Seis empates y una sola derrota. Dos victorias sobre el Madrid. Messi, Pichichi y Bota de Oro; Valdés, trofeo Zamora; el Barça obtiene la mayor diferencia entre goles marcados y goles encajados. Demasiada superioridad como para dedicarse a esconder mediocridades detrás de villaratos y sandeces por el estilo. Ni Cristiano Ronaldo es Messi, ni Casillas es Valdés, ni Xabi Alonso es Xavi. Es la cruda realidad.

Mientras el madridismo apostaba por los 98 puntos, el Barça iba a lo suyo. Y alcanzó los 99. El Madrid volvió a fallar. Y eso que invocó a los santos y a los demonios. Incluso llegó a canonizar a Javier Clemente. Pero lo bueno del caso es que aunque Clemente hubiera cumplido ganando en el Camp Nou, el Madrid no habria sido campeón víctima de sus propios errores. Ha resultado patético ver a los Roncero, Siro, etc. invocando a Clemente en busca del milagro. Aquí no se trata de rezar, sino de ser mejor que el rival.

Desde la capital se hablaba estos días de prepotencia en el Barça. No era prepotencia. Ganar al Valladolid no era ninguna misión imposible para un equipo que sólo ha cedido una derrota y seis empates en esta Liga. La prepotencia venía desde la capital de quienes ya daban por ganado el partido de Málaga y pensaban que el Barça iba a asustarse por la presión.

Pues no. No se asustó. El Barça vuelve a ganar la Liga y deja al Madrid traspuesto y con un futuro muy incierto, porque Villa y Cesc ya son barcelonistas. Y, curiosamente, la única alegría que se ha llevado el madridismo este año se la ha proporcionado el Barcelona cayendo en semifinales de la Champions. Repito, semifinales, que nada tienen que ver con los octavos de final. Mientras el glorioso Real Madrid siga celebrando como éxitos propios las desgracias ajenas seguirá siendo un equipo pequeño. Millonario, sí, pero pequeño. A ver con qué nos sorprende Florentino en los próximos días. Todo lo que sea construir un equipo nuevo y partir de cero será celebrado con alegría en el Camp Nou, en donde disfrutan de un equipo hecho y derecho y con mucho recorrido por delante. 10 ligas sobre las últimas 20 disputadas indican que el fútbol en España tiene color blaugrana.

Ya lo dijo Xavi en los discursos: “Que n´aprenguin”, que aprendan. ¿Aprenderán algún día en Madrid?

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