Viernes, 9 diciembre, 2016

¡Qué bonito es el tenis!
¡Qué bonito es el tenis!

¡Qué bonito es el tenis!

Y me cuentan que mientras yo celebraba los golpes del maestro Nadal, el Barça, parece ser, ganó la Liga. Si eso es cierto y se confirma, pues nada, felicidades al campeón. Me cuentan que el Barça ha llegado a los 99 puntos. Si es así, no tengo inconveniente en admitir que es un justo campeón. Me cuentan también, aunque no me lo puedo creer, que el Madrid no ganó en Málaga, otro de los grandes partidos que el madridismo afrontaba esta temporada. Parece que Pellegrini no tiene suerte en las grandes ocasiones: Alcorcón, Lyon, Barça, Málaga… ¡Qué le vamos a hacer! Al menos esta vez no ha perdido.

Si se confirma que el Madrid no ha llegado a los 98 puntos, como estaba obligado, habrá que empezar a admitir que las horas de Pellegrini como entrenador del equipo están contadas. Yo soy partidario de la continuidad de los técnicos, pero me deja preocupado que en la jornada 38 el Madrid siga teniendo los mismos problemas de construcción de juego que apuntó desde la primera jornada. Es evidente que el futuro blanco no pasa por él y sí por un entrenador ganador, que transmita energía positiva y ganadora. Y ese, evidentemente, es Mourinho, el mismo que se presentará el sábado en el Bernabéu para lograr el triplete. Ahí iré con el Inter. Ya saben, yo tengo ascendencia italiana y, como comprenderán, soy devoto de San Siro. Por eso me va el Inter y su entrenador. Después del blanco a mí me tira el azul y negro del Inter, de Mourinho, del hombre que cambiará la suerte del Real Madrid la próxima temporada, porque ahora más que nunca su fichaje se hace imprescindible.

Estuve siempre convencido de que el Madrid llegaría a los 98 puntos. Sin embargo, parece claro que con la alineación inicial presentada en Málaga el Madrid estaba más pendiente de la salvación del Málaga que de ponérselo difícil al Barcelona. Tampoco San Clemente estuvo a la altura. Su santidad le duró apenas 27 minutos. Así que a partir de entonces, se apagaron las velas y el señor Clemente pasó a ser un mortal como otro cualquiera.

Me van a perdonar, pero acabo el artículo porque tengo que irme a La Cibeles para celebrar el triunfo de Rafa Nadal, un madridista insigne. Esta vez no estoy para bobadas y no voy a ponerme más camisetas que la de nuestra gran campeón tenístico. ¡Qué bonito es el tenis!

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