Sábado, 3 diciembre, 2016

Tenemos un nombre, pero no es ‘Barça’
Tenemos un nombre, pero no es ‘Barça’

Tenemos un nombre, pero no es ‘Barça’

Hipersensibles al mensaje de ciertos medios de comunicación, ejércitos de animosos hinchas han salido en masa para crear grupos en Facebook, publicar mensajes en cuanto foro se mueve, llamar a los programas de radio de color blaugrana y, en suma, poner de manifiesto que creen tanto en la victoria necesaria este miércoles como temen que el insufrible Mourinho salga esta vez del Camp Nou con su habitual aire altivo y chulo renovado. Dicho de otro modo: si la culerada cree que hace falta tanta fuerza, tanto empuje, para conseguir un 2-0 contra el Inter es porque esa misma intensidad está moviendo el miedo a quedar eliminados. O sea, a quedar como ahora mismo está el Real Madrid: dependiendo exclusivamente de su suerte en la Liga.

Pero resulta que la marea temblorosa no pasa sólo por la expresividad del culé de a pie, sino que también ha hecho fortuna en el vestuario. ¿A qué, si no, cabe atribuir la exhibición de los jugadores, después de vencer con grandes sudores al colista liguero, con una camiseta en la que prometían dejarse la piel? Más allá de lo doloroso de la empresa (cuando nadie ha demostrado que arrancarse jirones de epidermis suponga ganar partidos), queda este mensaje: el Barça del lirismo, del fútbol bello y amante de la estética ante todo, ahora apela a la lucha, la garra, el esfuerzo, el músculo, el sudor, elementos que entran en ese dejarse la piel.

La sospecha, sin embargo, va más allá: la camiseta en cuestión lleva la firma de la empresa que viste al Barça. Es decir, que pesa más en el club el nombre del que paga que el nombre propio o los colores de una camiseta que, por sí sola, ya debería pesar más que cualquier campaña. Quizás sería hora de que cambiaran el himno: tenemos un nombre, todos lo saben… (y aquí escribir el de la multinacional que toque).

Fabián Ortíz es periodista

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