Sábado, 10 diciembre, 2016

Olegário, el fiel amigo de ‘Mou’
Olegário, el fiel amigo de ‘Mou’

Olegário, el fiel amigo de ‘Mou’

Olegário se llama el sujeto, una traducción a la portuguesa del nombre de nuestro querido Oleguer. Pero si el de Sabadell contribuyó a la conquista de la segunda Copa de Europa en la historia del club, la de París en 2006, el luso hizo ayer todo lo que pudo para evitar que el Barça gane la cuarta en el Santiago Bernabéu. Pero pese a lo mucho que ayudó al Inter, el 3-1 se puede superar en el Camp Nou. Hay que dedicarle la remontada. Un villano no puede salirse con la suya.

Benquerença se apellida, quizás en honor de su cariño por Jose Mourinho, quien se apresuró en la previa a desmarcarse de una posible amistad con su compatriota recordando que un día le había pitado tres penaltis en un Porto-Uniao Leiria de principios de siglo. ¡Tiene bemoles el asunto! ¡Ayer se comió dos clarísimos en el área del Inter! No logró alejar la sospecha de la duda. Desde su nombramiento se comentó su buena relación con el técnico del conjunto italiano.

Desde el principio se advirtió que si las faltas que recibía el Barça no eran muy evidentes no las iba a pitar, en la línea de Undiano Mallenco el pasado sábado en Cornellà. Y el Inter, como el Espanyol, se aprovechó de ello. Es una vieja consigna en deportes como el balonmano o el baloncesto: si haces diez faltas por contacto físico te pitarán seis, pero si cometes treinta el árbitro no se atreverá a parar el juego cada dos por tres y no señalará ni diez. Con colegiados así siempre pierde el equipo que tiene el balón. Es un permiso letal para los cazadores de Messi. Cambiasso se cebó con él en ese sentido. No hubo jugada en la que no tocara a Leo.

Pero no satisfecho con ese criterio que ya mermó al equipo azulgrana antes del descanso, Olegàrio Benquerença en la segunda parte se quitó la careta. Su recital de errores comenzó con la falta que recibió Messi previa al contragolpe que dio lugar al 2-1. El golpecito propinado al argentino en el pie en el que conducía el balón está tan visto en los defensas que es imposible que no lo vieran ni él, que seguía la acción muy lejos, ni el juez de línea, a un metro.

Ya lanzado, concedió el 3-1 a Diego Milito en un clarísimo fuera de juego con la colaboración del otro linier (José Manuel Silva Cardinal y Bertino Miranda se llaman los ‘angelitos’). Y en los últimos minutos se tragó dos penaltis clarísimos de Sneijder a Alves y de Samuel a Piqué en el salto (el central argentino nunca va al balón por alto, siempre percute con el cuerpo del rival). Lo más descarado es que el primer penalti lo resolvió con una amarilla a Alves

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