Lunes, 5 diciembre, 2016

Ese portugués…
Ese portugués…

Ese portugués…

Cuando Laporta no está en Uzbekistán con sus cosas ni repartiendo caridad en cualquier rincón del Tercer Mundo, se le puede buscar por Suiza, el país que más veces ha visitado desde que es presidente del Barcelona. Allí, en Suiza, está la UEFA y también la FIFA. Cuentan que Laporta tiene mucho peso en estos organismos y aseguran las voces oficiales que los desplazamientos del presidente blaugrana al país helvético obedecen a su estrategia de buscar para el Barça respeto en los altos estamentos del fútbol.

Pues bien, dinero tirado. Laporta podía haberse ahorrado los viajecitos porque como hace dos años, cuando perdió la compostura en Old Trafford porque “la UEFA no ha respetado al Barça”, los árbitros siguen sin respetar al Barcelona en Europa. O Laporta ha tirado el dinero en aviones, hoteles y visas o ha hecho mal su trabajo. El tal Olegario, Olegario Benquerença, será muy querido en su tierra, pero se ha ganado a pulso un lugar junto a Guruceta en el templo maldito de los malqueridos del Camp Nou.

El segundo gol de Inter vino precedido de una clara falta a Messi no señalada; el tercer gol del Inter llegó en un flagrante fuera de juego de Milito; el amigo Olegario se tragó tres penaltíes en el área italiana a Keita, Piqué y Alves, que además fue castigado con una amonestación por no evitar ser derribado en el área. Todo ello acompañado por un absurdo recital de tarjetas exhibidas sin criterio aparente.

Yo no creo en conspiraciones ni “platinatos”. Sí creo en árbitros malos. Y el de San Siro fue malo. Malísimo. Este hombre es un peligro para el fútbol. Si en Portugal creen que es su mejor árbitro, que se lo queden, pero que no lo dejen suelto por Europa porque tiene mucho delito.

Por lo demás, decepcionante Barça. Decepcionante Ibra. Decepcionante Messi y decepcionantes soluciones tácticas. Afortunadamente, la historia reciente confirma que no es necesario apelar a la épica para ganar al Inter por 2-0 en el Camp Nou. No es cuestión de machadas, sino de recuperar la línea y esperar a que el trabajo del presidente en Suiza dé como resultado un árbitro normal. A ser posible.

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