Miércoles, 7 diciembre, 2016

Hay que bajar del autobús
Hay que bajar del autobús

Hay que bajar del autobús

Dio la sensación de que el Barcelona pretendió ganar al Espanyol sin bajar del autocar y menospreció al rival quizá entendiendo que el partido verdaderamente importante era el del martes. Eso quizá le sirviera a Helenio Herrera. Eso y jugar con diez. Pero en los tiempos que corren, si no espabilas cualquiera te levanta la camisa. El Espanyol, por ejemplo, un equipo muy justito para el nivel de la primera división española, que hizo el juego que menos le gusta a los hombres de Guardiola, no les dejó tocar el balón y les obligó a acudir a un intercambio de golpes en el que los blaugrana llevaban las de perder. Y perdieron. Porque ese empate a cero sabe a derrota.

Ahí apareció Undiano Mallenco, de quien dicen que es el mejor árbitro español. Si éste es el mejor, apaga y vámonos. No es un problema de villaratos o antivillaratos. Es que no saben más. Y el que no sabe, tampoco es capaz de sumarse a ningún contubernio. Para eso también hay que saber. Undiano pasó por alto entradas de roja directa y se entretuvo en acaparar protagonismo con un recital de amarillas que castigó acciones que en muchos casos no dejaban de ser auténticas bobadas. Se le fue el partido de las manos y lo pagó Dani Alves, muy alterado durante todo el encuentro por los gritos racistas que le dedicaron desde la grada, gritos que oyó todo el mundo menos el árbitro.
Pero el Barça no dejó de ganar en Cornellá por culpa del árbitro. Incluso con inferioridad numérica va sobrado de argumentos para arrollar a un Espanyol tan limitado técnicamente como motivado anímicamente y quien sabe si económicamente.

Al Barça le faltó control y profundidad. Messi estuvo muy solo, Ibra salió muy tarde y el centro del campo acabó desquiciado. Por cierto, alguien debería sentarse con Busquets, un extraordinario futbolista, para recordarle que lo que tiene que hacer es jugar a fútbol y dejarse de teatritos. Los árbitros le han tomado la matrícula y ya no pican. Un día se estará muriendo de verdad y nadie le creerá.

Hay Liga, sí. Hay Liga. Y debemos agradecérselo al conservadurismo de Guardiola y a un tal Undiano.

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