Sábado, 3 diciembre, 2016

Pedro, el Grande
Pedro, el Grande

Pedro, el Grande

Pedro se ha ganado los elogios de la crítica nacional e internacional por una temporada antológica que le ha llevado a convertirse en el único jugador de la historia que ha marcado en todas las competiciones en un mismo año. El canario, jugador de Tercera hace dos años y de Segunda B hace sólo uno, se ha hecho grande a pasos agigantados y hoy suma ya 19 goles con el Barça, algunos de ellos tan importantes que han dado títulos. Sus cuatro preferidos (por especiales) son “primero el de Mónaco de la final de la Supercopa de Europa, luego el de Abu Dhabi del Mundialito, después el del Bernabéu del sábado y por último el del miércoles ante el Depor. ¿Qué será lo próximo? No lo sé, me conformo con seguir así, trabajando día a día para jugar cada partido”, explicaba ayer a MD dando muestras de su enorme sencillez. No esconde, sin embargo, que “lo más fuerte, lo máximo para un futbolista, sería marcar un gol en la final de la Champions”, el 22 de mayo en el Bernabéu. Pero antes está el derbi contra el Espanyol, “un partido bonito de jugar pero complicado, en el que habrá que estar concentrados”, advertía el extremo tinerfeño, que ha coincidido en las categorías inferiores de la selección española con los ‘pericos’ Baena y Chica.

El gran mérito de Pedro, más allá de sus innegables cualidades futbolísticas y su incuestionable capacidad de trabajo, es la sorprendente naturalidad con la que asume sus logros. Fuera del campo no exterioriza sus éxitos. De hecho, nada alteró su rutina después de los dos últimos goles: ni el que marcó en el Bernabéu ni tampoco el que logró ante el Depor, un disparo espectacular desde 45 metros muy parecido al que falló el mismísimo Pelé ante Checoslovaquia en el Mundial de México del (1970). “La verdad es que no he visto la jugada, sólo sé lo que he leído en la prensa. No se me compara con él (Pelé) sino que sólo se ha querido hacer un símil con la acción”, admitía con modestia el día después.

Son dos jugadas parecidas pero con diferencias. Pelé está justo en el centro del campo, más retrasado que Pedro. Ve adelantado al portero checo Viktor. Tiene tiempo de pensárselo, se la coloca el balón y lanza un chut parabólico que se marcha rozando el poste. El balón no entró, pero la jugada dio la vuelta al mundo: nadie lo había intentado hasta entonces en un partido de esa importancia. Pedro estaba un poco más adelantado, pero su disparo con rosca con la zurda es casi a ‘bote pronto’, sin tiempo para pensar y el balón, que le llega con velocidad tras un mal despeje de Aranzubia, acaba en el fondo de las mallas. “Vi al portero adelantado, lo intenté y salió bien. Son de esos chuts que unas veces te salen y otras no”. Pudo acabar diciendo: “Tuve suerte”. Pero tantos goles ya no son suerte.

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