Lunes, 5 diciembre, 2016

Cristiano, Messi y la paz de espíritu
Cristiano, Messi y la paz de espíritu

Cristiano, Messi y la paz de espíritu

Más menudo, con menos físico, con menos pegada, con sólo una pierna… En principio parece no tener tantas cosas como Cristiano, de físico exultante, potencia de remate, tiro libre, cabeceo, carrera de caballo inglés, ambidextro. Messi destaca por la habilidad del regate corto, su velocidad para salir y por su fantástica visión de juego. Tiene el mapa del ataque en la cabeza. Es mucho, pero, ¿como para distanciarse tanto de Cristiano?

Es que goza de una ventaja decisiva: la paz de espíritu. Vive tranquilo, juega tranquilo, disfruta como en el colegio, según se ha dicho estos días. No le enfada que le peguen, no hace alardes humillantes. No juega para ser el número uno, sino para divertirse. Está entre viejos compañeros de cantera, algo más jóvenes o algo mayores que él, pero en todo caso juega en su casa, entre los suyos, en el ambiente en el que aterrizó cuando era un niño. Todo el Barça juega relajado y él lo mismo. Su fútbol eléctrico nace de una mente feliz, nada atormentada por ambiciones ni temores. Es un niño que disfruta con sus amigos y una pelota.

Cristiano tiene la obsesión de ser número uno. Quienes andan cerca de él dicen que eso le favorece, que le hace más perfeccionista. Puede ser. Pero también se refleja en una ansiedad negativa en determinados partidos, mayor en los altos compromisos, finales de Europa, Mundial, Eurocopa… Ese deseo de reconocimiento le acompaña como un guardián que le impide jugar con la naturalidad y la soltura que de verdad le harían ser el mejor. Elegido como redentor de un Madrid abrumado por el Barça el efecto se acentúa. Cristiano debe alcanzar la paz de espíritu de Messi para poderle ganar, pero, ¿cómo se hace eso?

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