Martes, 6 diciembre, 2016

¿Una final? No, la final el 22 M
¿Una final? No, la final el 22 M

¿Una final? No, la final el 22 M

Esa cita con la Champions League, a la que el Madrid no podrá asistir aunque se celebre en su casa, en la que, encima, se corre el horroroso riesgo de ver que sea el Barça quien pueda celebrar el título allí, como nunca se ha celebrado una Copa de Europa. En ningún sitio.
Esa blanca, enorme y comprensible decepción, no justifica , sin embargo, que pueda equipararse el evento y que haya quien quiera convertir el partido del sábado en la final de Champions que no podrá jugar el Madrid. El día 22 de mayo se acaba todo. De ahí saldrá campeón. Después del 10 de abril, nada que ver lo uno con lo otro, seguirá habiendo Liga. Siete partidos más. Siete rivales para el Madrid y siete más para el Barça. Y darles por vencidos de antemano es una falta de respeto de dramáticas consecuencias para quien salga del clásico convencido de que ya está todo el trabajo hecho. Pase lo que pase el día 10, a los dos, les quedará mucho por hacer. Ni el que gane tiene garantizado ser campeón, ni quien pierda se despedirá de la Liga.
Lógico, por tanto, que desde el Barcelona, se trate el partido como si fuera lo que es. Uno más. La rutina del equipo se mantiene como si el rival de turno fuese cualquier otro equipo de primera. Hasta el martes, sólo ha habido ojos para el partido de Champions contra el Arsenal. El miércoles, entrenamiento de recuperación y comida de toda la plantilla para celebrar el pase a semifinales. El jueves libre y el viernes, entrenamiento específico y rueda de prensa de Guardiola con el mensaje para el clásico. Pep será pues, antes del partido, la única voz del vestuario que se referirá al Madrid. Hasta entonces, nadie, ni media palabra. Es un partido más, importantíisimo, pero sólo un partido de más. Tan duro como lo serán los desplazamientos al campo del Espanyol o del Sevilla y hasta la visita del Xerez que, precisamente por ser el último, habrá que temer más que a ninguno.
Dicho lo dicho, asumir y entender que, aún así, haya quien piense lo contrario pero, quien lo sufra de este modo únicamente debería ser madridista. Y la razón sólo puede ser una. Esta: no es el Barça quien se juega la vida, ni la temporada. Ya ha ganado tres títulos y puede ganar dos más. El Madrid, en cambio, no ha celebrado nada y teme quedarse otro año en blanco si el Barça sale líder del Bernabéu… e insinuando, con ese fútbol esplendoroso que es capaz de jugar con el Messi descomunal al frente, que, por si eso fuera poco, piensa volver a Madrid para ser, allí, el primer equipo de Europa que revalida el título desde que la Champions League se disputa con este formato.

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