Domingo, 4 diciembre, 2016

Lo mejor ocurre entre semana
Lo mejor ocurre entre semana

Lo mejor ocurre entre semana

Hay tantas diferencias entre el Real Madrid y el Barça, tantas, que no sólo sentándote delante del televisor y viéndolos jugar descubres algunas de ellas. Por ejemplo, el Real Madrid sólo juega para ganar. Le importa un pimiento el fútbol que hace, le importa una alcachofa la manera en que llega a la victoria, le trae sin igual cómo gana y qué le ofrece al público, que ha pagado un pastón por verlos jugar. Ellos no juegan, compiten. El Barça, sin embargo, ha hecho del fútbol una manera de agradecer a la gente, sea aficionado culé o no, su complicidad con el deporte que practica. Juega para agradar, además de ganar. Más. Por ejemplo, el Barça juega entre semana, cosa que el Real Madrid hace ya seis años que no consigue hacer llegado el mes de abril, que es el mes que se juegan los auténticos partidos de fútbol martes-miércoles, porque es el mes de los grandes, de los auténticos equipazos, aquellos que se meten en los cuartos de final de la Champions. Más aún. El espíritu que mueve a los azulgranas es la satisfacción del deber cumplido, la posibilidad, sea el rival que sea y la competición que sea, de acabar los encuentros en el área rival en el minuto 93, esté perdiendo, empatando o ganando. Mucho más aún. Ese detalle, el de jugar siempre a tope, lo protagonizan sea cual sea la alineación y cobren lo que cobren sus jugadores, actitud con la que no parecen comulgar los jugadores del Real Madrid, que ayer acudieron a Santander a cumplir el trámite previo al clásico de la Liga. Hay más diferencias, sí. Por ejemplo, para el Real Madrid esta semana se centra en el sábado; para el Barça, lo importante, lo más importante, se produce el martes, ése sí es el partido del año. Ese, como reconoció el sábado Pep Guardiola, sí es un partido grande, ante un gran rival, en una competición inmensa, con cientos de millones de telespectadores y aficionados de todo el mundo viendo a los chicos de UNICEF apoyando, construyendo, defendiendo el mayor espectáculo del mundo, no el de ayer en Santander, que hubiese podido vaciar el estadio norteño a los diez minutos de la segunda parte. Puede que muchas de esas diferencias, por no decir todas, le traigan sin cuidado a Florentino Pérez, Jorge Valdano, Miguel Pardaza y Manuel Pelligrini, todos ellos presentes en El Sardinero. Puede, incluso, que piensen, porque así es, que su Real Madrid va a ganar la Liga con ese fútbol, con esa pegada, pero deberían de saber que aquello que ha convertido en grande, en hermoso, en tremendamente elogiado al Barça es haberse atrevido a crear 11 preciosas ocasiones de gol en los 15 primeros minutos del partido en los Emirates. Eso y golear luego al Athletic con ocho chavales surgidos de La Masia.

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