Lunes, 5 diciembre, 2016

Lluis Canut – No tocaba, Jan
Lluis Canut – No tocaba, Jan

Lluis Canut – No tocaba, Jan

A Cruyff no se le pueden discutir los méritos, primero como jugador y después como entrenador del Barça. Aunque solamente fuera por el rendimiento en su primera temporada, Johan marcó como futbolista a toda una generación, y como director del Dream Team se convirtió en el técnico más laureado de la historia del club. Sin embargo, con su personalidad tan compleja, el ‘Flaco’ no genera unanimidad. Cruyff, como la mayoría de genios, cuenta con tantos admiradores como detractores que denuncian su escasa implicación con la entidad cuando los dirigentes no bailaban al son de su música. Cruyff no provoca indiferencia y es motivo de división entre la masa barcelonista.

Acostumbrado como estaba a pronunciarse de forma interesada en la mayoría de elecciones presidenciales del Barça, en las de 2003 se mantuvo estratégicamente alejado. Hasta que Laporta no tuvo certificada la victoria en las urnas, disimuló su abnegada obediencia a la religión ‘cruyffista’, que una vez nombrado presidente no ha dejado de proclamar.

Con todo esto de antecedentes y a tres meses escasos del final de su mandato, cuesta encontrar razones de auténtico peso que justifiquen la decisión de Laporta de elevar a Cruyff a la categoría de presidente de honor del Barça. Una distinción más del perfil de entidades como el Real Madrid, donde los nombres de las personas han estado por encima del nombre del propio club, que del Barcelona, donde históricamente siempre se ha procurado evitar las excesiva adulación que provocan los personalismos. En el Barça, por no dar un nombre propio 53 años después de su inauguración al estadio se le sigue conociendo como Camp Nou

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