Domingo, 11 diciembre, 2016

La charla más vehemente de Pep
La charla más vehemente de Pep

La charla más vehemente de Pep

Hasta tres sistemas necesitó Pep Guardiola en la primera parte ante Osasuna para coagular a un Barça que se iba descomponiendo irremediablemente. De jugar con rombo pasó a un doble pivote defensivo y, de inmediato, al dispositivo más clásico, a ese que la plantilla practica de memoria con tres medios y tres atacantes. Una peligrosa espiral de correcciones sobre la marcha que obligó al técnico a actuar en el descanso de forma enérgica.

No abroncó a sus jugadores en el vestuario aunque sí los arengó con vehemencia. No habían sabido aplicar el dibujo táctico para frenar a los navarros. Distanciaron las líneas en exceso, renunciando a la conducción del balón y, sobre todo, atascándose en el borde del área. Si Pep se inculpó de la desconexión fue porque, al tener que improvisar al poco de iniciado el partido, su concierto de gestos y órdenes desató el nerviosismo entre los jugadores.

El partido, es cierto, no se parecía en nada a lo que había imaginado. Tardó algo más de la cuenta en hacerse una composición de lugar y transmitir su discurso. Por ello, el equipo retrasó su retorno al césped, con Osasuna y el árbitro esperando pacientemente.

El descosido iba en aumento y había que recomponerlo con rapidez. Pep se dirigió con ímpetu al vestuario hablando lo más claro posible. Jugando como hasta entonces “no vamos a ningún sitio”, soltó. Les exigió que pusieran más énfasis en el dibujo táctico, que defendieran más juntos, que apretaran las líneas y, esencialmente, un cambio de actitud. Una corrección a la carrera que acabó surtiendo efecto en la segunda parte. Incapaz de adaptarse al partido, Henry fue el gran sacrificado

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