Jueves, 8 diciembre, 2016

¡DIOS…!
¡DIOS…!

¡DIOS…!

Con el tercer gol de Leo Messi (noveno consecutivo de su equipo) llegó a mi móvil el siguiente mensaje: ‘Dios…’ Era una buena amiga, culé hasta la médula y muy conocedora del fútbol que, además, sabe de mi debilidad por Cristiano Ronaldo y lo que me cuesta ver al argentino por encima del portugués.

A bote pronto -al margen de irreverencias, que no va por ahí el asunto- me pareció exagerado. Y no el juego de Messi, que fue espectacular, sino la palabra: ¡Dios! Me sonó fuerte, pero me hizo pensar en el tiempo que había pasado desde que no veíamos cosas como las que Leo hace con una facilidad insultante.

Me salen los mismos nombres que a usted: Maradona, Pelé, Cruyff -a Di Stéfano no le vi jugar, pero me creo las crónicas-, Zidane, etc. Y no sólo hablo de lo futbolístico, vi detalles en Leo Messi de una grandeza inmensa. Dejó que Ibra lanzara la pena máxima que le habían hecho a él sin ningún tipo de paripé. Podría haber sido su cuarto gol y el ¡décimo consecutivo!, pero prefirió ayudar a matar la ansiedad de su compañero, que había fallado tres o cuatro a bocajarro y cuya sequía goleadora le ahoga últimamente.

Los mitos construyen su leyenda a base de goles, pero sobre todo logran pasar a la historia por todo lo que, sumado a su fútbol, les hace grandes, distintos, peculiares y queridos. No he oído nunca un sólo pito, chillido ni menosprecio de nadie hacia este pequeño gran futbolista.
Me rindo, en este momento veo a Messi por encima del resto. Pero no un escalón, varios. Hace días escribía en MARCA sobre mi debilidad por CR9 -y la sigo teniendo-, pero es justo reconocer que, después de ver la desesperación y ansiedad del portugués ante el Sporting y el sosiego con el que Messi ha dado los tres puntos a su equipo ante el Zaragoza, no cabe nada más que rendirse a la evidencia. Un recital para enmarcar.

Y no es cosa de un partido, es su tendencia. Messi sigue creciendo. Si es capaz de que Maradona le entienda y le haga jugar como debe con Argentina, probablemente el Mundial de Sudáfrica se rinda a sus pies y nos encontremos con la consagración del mejor jugador del planeta.

Antes, como escribí el pasado viernes, a Messi le espera el Real Madrid-Barcelona en el Santiago Bernabéu. Cristiano no se lo va a poner fácil y además juega en casa, pero como el argentino tenga su tarde… puede salir aclamado. Para esto Chamartín no se atasca. Un pulso precioso entre dos gigantes maravillosos a los que debemos estar agradecidos todos aquellos a los que nos gusta el fútbol.

Leo, enhorabuena. ¡Con lo difícil que es hacerlo tan fácil!

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