Jueves, 8 diciembre, 2016

Los fantasmas de Florentino
Los fantasmas de Florentino

Los fantasmas de Florentino

A Florentino Pérez le debió costar conciliar el sueño el miércoles por la noche. Un montón de imágenes tuvieron que amontonársele en su mente cuando supo los equipos que se habían clasificado para disputar los cuartos de final de la Champions League, de la que el Real Madrid volvió a ser eliminado en octavos por sexto año consecutivo.

Samuel Eto’o fue otra vez el protagonista de una de sus pesadillas. Si antes lo veía de azulgrana, esta vez lo vio con la camiseta del Inter. Florentino no quiso al camerunés en su primer proyecto (los 12 millones de pesetas que cobró del Barça los invirtió en Michael Owen, que sólo estuvo una temporada en el Bernabéu, 2004-05) y ahora, tras dejar huella en el Camp Nou, está triunfando en Italia. Suyo fue el gol que eliminó al Chelsea en Stamford Bridge. Y a su lado Florentino avistó a Wesley Sneijder, a quien también traspasó este verano al Inter tras la llegada de Cristiano y Kaká.

Media vuelta en la cama y se le apareció otra cara conocida: la de Arjen Robben. El holandés, que también debió hacer las maletas el pasado junio, es ahora, junto a Ribéry, uno de los puntales del Bayern de Múnich que dirige Van Gaal. Y, al igual que Eto’o, también fue decisivo ante la Fiorentina, ya que en el partido de vuelta jugado en el Artemio Franchi marcó el segundo gol (3-2) que dio el pase a cuartos a los alemanes.

Entre pesadilla y pesadilla, en las que repetidamente aparecían imágenes del partido contra el Lyon, también atisbó a Sir Alex Ferguson, quien se ha convertido en la voz más crítica del ‘modelo galáctico’ de Florentino. Su Manchester, con Rooney como única figura mediática, también se coló entre los ocho mejores de Europa.

De pronto, tuvo un gran sobresalto, que ya no le permitió conciliar el sueño en toda la noche. Vio, sentado en el palco del Bernabéu, cómo los jugadores de Guardiola se le acercaban alzando la Copa de la Champions League. Y, con una visión vidriosa, vio como los papelitos azul y granas que caían al suelo se transformaban en billetes de 500 euros. Eran los 255 ‘kilos’ de su cuestionado segundo proyecto

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